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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Concepto Aralbista Alma-Espíritu


Quizá esta sea una de las cuestiones más controvertidas, difícil de explicar y que más malos entendidos ha provocado. Algunas religiones y filosofías apenas generan alguna diferencia entre ambos conceptos y es por lo tanto fácil asimilarlos como si se tratara de un solo concepto; en otras ocasiones simplemente se intercambian los términos. Para las personas versadas en las diferentes concepciones, no les debe suponer problema alguno saber de lo que se está tratando en cada caso; pero a los legos les produce una especie de indigestión mental que termina por hacer que huyan de dichas elucubraciones.

El Espíritu es un Ente divino e inmortal que nunca ha tenido un principio y jamás tendrá un final. En algunas filosofías se trata de la parte divina que el hombre posee; por el contrario, el Alma, en origen, es mortal y no se trataría más que de una especie de órgano intermediario entre el espíritu y el cuerpo que está ocupando.

El Espíritu Humano no es nada más y nada menos que un subconjunto del Espíritu Universal y se manifiesta individualmente mediante el Yo. El Alma es lo que permite vivir, moverse y reproducirse a los cuerpos sintientes; pero también es lo que permite que el Espíritu pueda manifestarse a través de su cuerpo vehicular. El cuerpo por sí solo no podría contener al espíritu que es energía pura y sería destruido; por ello necesita de la intermediación del Alma que está compuesta, siempre en origen, por una porción muy pequeña del propio espíritu y el resto por sustancia etérica, materia sutil, que pertenece al propio mundo de la materia.

En un principio, el Alma es, como dijimos, casi totalmente material y por lo tanto mortal; es decir, cuando el individuo deja este mundo, el Alma muere y se transforma con el propio cuerpo biológico. El Espíritu se despega de su vehículo y retorna a los planos espirituales donde suele habitar sin un cuerpo material definido. En estos casos, el Alma es el receptáculo del yo personalidad y que está constituido por múltiples capas defensivas y kármicas, a modo de una cebolla, que se han ido adhiriendo en el transcurso de la propia vida y de las diferentes reencarnaciones; pero como el alma es mortal, entonces ¿De donde viene ese Karma si el Alma se desintegró con su cuerpo? El Espíritu al abandonar el cuerpo se lleva, a modo de bíos, solo la información esencial del Alma y cuando regresa a este u otros mundos retoma su historia vital, personal, donde la dejara recubriendo su nueva Alma de los materiales densos que conocía de vidas anteriores.

Conforme transcurre la existencia experiencial, el Espíritu diminuto, Yo semilla, que vive como un simbionte en el Ser Humano, primero despierta y va creciendo hasta hacerse grande. Según esto va sucediendo, las diferentes capas, yoes, se van desprendiendo del Alma y van dejando lugar al Yo creciente o Espíritu Humano que va ocupando ese lugar. Solo cuando el Espíritu tiene el suficiente control sobre su cuerpo es cuando va sublimando el alma a niveles en que, llega un instante, que deja de ser un órgano de carácter material para convertirse en algo substancialmente espiritual. Es solo entonces, cuando el Alma, ahora sí, se vuelve una con su Espíritu y por lo tanto en inmortal.

El cuerpo denso, material, siempre acabará en la tumba; pero llegados a este punto, el Alma se ha convertido en el vehiculo, traje espiritual del Hombre, Yo Espiritual. Ese es el Corpus Christi, Vestido de Bodas o Santo Grial y Fénix de los pensadores antiguos. Solo entonces el Hombre puede moverse, junto con su consciencia, sin ningún tipo de cortapisas, por los diferentes universos, materiales y espirituales.


ARALBA

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