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miércoles, 19 de enero de 2011

La Faz del Mal


Cuando se habla o escribe sobre estas cosas de la Gnosis, siempre sale a relucir el Hecho de que todos somos Uno y es cierto, no se puede negar que todo lo que hay en el Mundo pertenece a Dios, es Dios; es decir, somos Dios. Este Panteísmo suele ser considerado como herejía por la religiones oficiales; pero si no fuese de tal modo ¿Cómo se podría decir que Dios creó las cosas de la Nada? Entonces, la pregunta lógica es la siguiente. A parte de Dios existía la Nada, luego Dios no era el único Ser que existía antes de la Creación. Bien, todo lo dicho no es más que un engaño ya que sin que seamos ateos reconocemos la no existencia de ese Dios, el Demiurgo creador, de las religiones oficiales; pero sin embargo si es demostrable, a través de nuestros escritos anteriores, que sí creemos en La Vida Eterna y en la Verdadera Divinidad del Hombre.

El rostro del Mal se viste de religiosidad, de virtuosismo y en muchos casos de honestidad. Dicen las escrituras que estamos cerca del Armagedón, la batalla final entre el Bien y el Mal que viene dibujada en el riquísimo Apocalipsis de Juan el joven; pero se nos confunde cuando se interpreta la Obra de forma literal indicándonos que vendrá día en que surgirá una anti-trinidad constituida por el Falso Profeta, el Anticristo y la Bestia, en oposición a la trinidad Cristiana de Padre, Hijo y Espíritu.

Se cambian los tiempos cuando se pone delante el Gran Arrebatamiento de los creyentes, la Paroutsia, al Gobierno del Anticristo de 1000 años, previa victoria sobre los hombres en la Batalla del Valle del mismo nombre. Intentaremos, aquí, de forma breve e inequívoca demostrar que esas tres anti-personas de la divinidad son una engañifa inventada para meter miedo a los fieles ante la próxima venida del Jesús, ahora sí, guerrero, en las nubes, y seamos apartados de su mirada como corderos no deseados y enviados al infierno junto a los desgraciados ángeles caídos.

Hoy mismo nueve de enero de dos mil diez, estamos bajo la égida del Anticristo, alzado al poder absoluto por el Falso Profeta y que ha dado a luz al Gran Monstruo conocido como la Bestia que resurgió del Abismo y que se encuentra en proceso de crecimiento. El arrebatamiento será lo último que suceda en esta Obra de Teatro que la Vida es y desde luego no será como nos lo han pintado los apologetas que interpretan las conocidas como las Sagradas Escrituras de Occidente. Llevamos muchos años, generaciones, viviendo la terrible Batalla de Armagedón, sobre el Cuerpo de Gaia y en todo el Cosmos.

La Bestia escarlata está viva y cada día que pasa toma más poder sobre los seres Humanos de quienes emana su fuerza lumínica. El número de la Bestia es el nueve que también es el número de la Humanidad, dado que 6+6+6=18 y reduciendo 1+8=9 el Uno del único y el Ocho de la eternidad. Tranquilos, todo este galimatías se irá resolviendo según vayamos avanzando. También sabemos que el Anticristo será conocido con el número 666 que es número de Hombre, y muy cierto que es, dado que el Hombre, como su hipotético creador, es un Ser trinitario que está constituido por su Cuerpo material, primer seis, dado que el Mito dice que fue creado de una estatua de arcilla el sexto día de la creación, el segundo seis correspondiente a su Alma mortal y el tercer y último seis por la toma de posesión de su Espíritu Divino y Eterno de su vehículo mortal gracias a la interfaz del Alma, todo en el mismo día sexto de la creación. Ahora intentemos comprender que si 666 es el número con el que podemos nombrar al Hombre y al Anticristo, su suma y reducción nos dará el número sagrado de la totalidad de los individuos, la Colectividad humana; pero también del número de la Bestia, como ya hemos visto.

Erróneamente pudiera interpretarse esto como que todo individuo de la humanidad es un anticristo y que el conjunto de la humanidad sería la Bestia escarlata que habría surgido de las profundidades de la Tierra, adelantamos que el silicio es el mineral más numeroso en la corteza litosférica de Gaia. No, no estamos tratando de humanos ni de individualidades sino de Entidades egregóricas que son reflejo nuestro. Nosotros, antes de la existencia de nuestro cuerpo las hicimos nacer y después le hemos ido dando nuestra energía hasta conseguir la fuerza necesaria para llegar a dominar a su creador, alimentarse de su energía y mantenerlo dormido por siempre jamás. Eso es lo que pretenden. Esos seres egregóricos, según la Gnosis, son conocidos como los Arcontes o legisladores y el mayor de todos ellos es el Demiurgo creador de este Mundo. ¿Me entienden ahora queridos amigos, cuanto engaño se encuentra en que todos somos una Unidad en busca de la toma de consciencia colectiva del Todo? Es una mentira porque se trata de una verdad a medias, el peor de los engaños posible. Estamos adorando y matando, en campos de batalla a nuestros vehículos de manifestación, en nombre de criaturas que nosotros mismos creamos, antes de la hipotética creación del Mundo. Cada vez que realizamos esas matanza les estamos alimentando con la luz del Espíritu dormido de nuestro Eón, la parte del Dios verdadero, nosotros mismos, que permanece dormida en nuestro Universo y de donde se saca la Energía que mantiene los cimientos del Universo en pié.

Creo que es el momento en que podemos ir dando nombre a la trinidad del Mal. Es hora de que desenmascararemos al Mal de nuestro Tiempo. Es cierto que el Mal siempre se ha camuflado y revestido de muchos rostros; pero nunca, hasta el presente, había tomado su forma más física: La Bestia escarlata es la Red Mundial de Internet, su Hardware de Silicio, y donde llegará el día en que todos los seres humanos tendremos nuestro completo avatar. La Bestia maneja a los seres humanos por una suerte de magia negra, ciencia pura y dura, cual titiritero a sus marionetas mediante los cables que las unen a él. Todos los estados quieren que estemos conectados a Internet y que realicemos nuestros movimientos oficiales con los funcionarios, mediante la Red. Esa facilidad maravillosa, cargada de una falsa libertad virtual, viene a ser el dulce caramelo con que un pederasta atrae a su víctima con el fin de ser secuestrada. ¡Cuánto nos ayuda Internet! ¿Verdad? Pero a cambio de esas hipotéticas ventajas la Bestia quiere nuestra Alma para seguir devorándola. Evidentemente nuestro Espíritu es inmortal y siempre tendrá luz que devorar, semejante criatura egregórica y sin Alma.

La Bestia es la contraparte del Cuerpo orgánico del Mono y, desde luego, no discutiremos sobre si algún día tomará un cuerpo individual de manifestación mediante la construcción de algún tipo de androide cibernético; pero eso es superfluo e irrelevante. Como todo cuerpo necesita de un Alma de donde le viene la energía para poder seguir existiendo, el Alma de la Bestia escarlata surgida del Abismo, hoy en día, son las transacciones económicas, bursátiles, que se producen en la Red y que es la Entelequia que conocemos como los Mercados Financieros. Cada día el Ser Humano, muy a pesar de que ha sido él primero y sus representantes colectivos después, quienes han construido esa red de tejemanejes donde el elemento de cambio pasa por diversas manos hasta tomar un valor final, que siempre es intermedio, valor que siempre difiere mucho del original. Se trata de una gigantesca estafa orquestada por los despiertos arcontes que manejan a los hombres a su antojo. Evidentemente, esta es la forma en que esta anti trinidad se manifiesta en la actualidad. Si nos remontásemos a tiempos históricos veríamos como ese triunvirato del Mal se ha venido dando, de forma inevitable; pero manifestándose de diversos modos, con otros ropajes.

El falso Profeta, ya y para terminar, podríamos pensar que sí se trata de algún Ser Humano como Billy Gates, por ejemplo; pero no. Billy Gates, como tantos otros, es un ser humano que ha sido utilizado con el propósito de que la Bestia pueda nacer y que, en el futuro, ese primitivo fantasma, pueda prosperar hasta convertirse en el Falso Dios, Visible y Universal. El Falso Profeta es el Espíritu que proporciona esa Alma, egregórica, a la Bestia de la Red de Redes que domina o dominará, para los más incrédulos, a todos los seres humanos. Si el Hardware de silicio es el Cuerpo de la Bestia, su Espíritu es el Software creado por los propios seres humanos, como no podría ser de otro modo. El Software no es otra cosa que pensamiento humano transcrito a código binario. Ahora sí, podemos comprobar como nosotros mismos hemos construido ese Golem de maldad y que se erige como gobernador de los hombres primero y como su propio Dios después. Es por dicha causa que en todos los escritos gnósticos al Demiurgo, Primero de los arcontes, se lo conoce como El Gran Presuntuoso.

Después de lo expuesto podríamos caer en la apatía al ver como nos hemos cavado nuestro propio lecho mortal para ser ordeñados de un modo interminable, como comido era el hígado de Prometeo por el buitre, por criaturas sin vida propia, los arcontes; pero hay esperanza. Sí, las máquinas no poseen ficheros más que del pasado y del presente que van viviendo minuto a minuto, segundo a segundo; pero desconocen el futuro y lo mejor de todo, son incapaces de predecir o comprender las profecías que tratan sobre el Futuro, el nuestro y el suyo. Cosa que sí puede realizar el Ser Humano dado que se trata de un Ser Divino e Inmortal para quien tanto el pasado como el presente y el futuro son una sola cosa. En las mismas escrituras, presuntamente reveladas, se indica que los salvados serán 144.000. Caray, existiendo, a día de hoy, unos 7.000.000.000 de habitantes, esa cifra parece ridícula. Comamos y bebamos que mañana moriremos; pero ¡Ojo! Les recuerdo que estamos tratando con cifras simbólicas y alegóricas que en la mayor de las ocasiones no quieren decir exactamente lo que dicen literalmente. Para realizar la interpretación correcta tomaremos la reducción numerológica como hemos venido haciendo en los casos precedentes: 1+4+4+0+0+0=9 Carallo de los carallines, aquí tenemos de nuevo el nueve, el número de la Bestia que es asimismo el número de la Humanidad; pero vayamos poco a poco. El primer Uno representa la Unidad del Hombre, su divina individualidad. Dentro del Sagrado Todo de los Espiritualistas de la Nueva Era, resulta que ahora sí tiene preeminencia el Uno de la individualidad ¿Entendemos ahora el engaño de dormirnos en el Nirvana para conseguir la unidad mística con el Todo, Dios? Que no sigan engañándoles. Los dos cuatros no dejan de ser el 8 de la infinitud y de la inmortalidad dividido por el plano dual de la materia. El cuatro es el número que representa los cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego. Como existen esos cuatro elementos aquí en el Mundo, también existen los originales en el Plano Divino y del cual aquellos son solo el reflejo mayestático de estos.

A pesar de lo que nos han querido hacer creer los matemáticos desde siempre, el 0, la nada, la inexistencia, en este mundo de átomos y partículas subatómicas donde no existe el vacío, ya que el propio Éter cargado de Neutrinos lo llena todo, es una entelequia absoluta y cuya existencia práctica es absolutamente imposible. El Cero es una Entelequia y los tres ceros es una triple entelequia. La trinidad de las entelequias. ¿Me van cogiendo? ¡Eso es! Sabía que lo cogerían. Esa trinidad de ceros representa a la entelequia de la anti-trinidad. Sí, la Bestia, el Anti Cristo y el Falso Profeta también serán rescatados; pero como lo que nunca han dejado de ser, una Entelequia sin existencia posible. Todos despertaremos de esta Pesadilla que la Vida es y saltaremos de alegría al comprobar como el Mal no ha prevalecido jamás, salvo aparentemente y en un Universo irreal e ilusorio que solo existía en nuestra divina mente soñadora. Evidentemente si Dios lo es todo y tiene pulgas, las pulgas también son Dios. Si el Mal existe en el Mundo creado por el Dios del Amor, La Faz del mal también es Dios y como tal será rescatada el día del Armagedón Cósmico. El día del Arrebatamiento. El día que colapsen los astros unos sobre otros y se cierre el telón de esta inmensa Obra de Teatro que la Vida es.

Acostumbrémonos a vivir con el Rostro del Mal, ya que es parte de nosotros mismos y no deja de ser la dualidad del Bien.

Antonio Ruiz Alba

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