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miércoles, 16 de mayo de 2012

Kaos Quántico - CONSPIRACION - 19 - El Doctor Arpegio y los Iluminati (b)


Dash Snow A.K.A Sace

Una mancha negra, reflejo de muerte, sobre una mesa de roja caoba. Un revolver toma forma para reposar inerte sobre su base de madera noble cubana.
Un talonario es manipulado por unas curtidas manos, vestida una de sus muñecas con un Rolex Submariner de oro,  y una pluma Montblanc dibuja con un chorro de tinta negra la debida rúbrica bajo una cifra con un uno seguido de muchos ceros.
El ido rostro de un jovencito muestra perplejidad e interrogación. Su padre le tiene aferrado por el hombro y masajea, con cariño, su cuello a la altura del oído izquierdo, como diciéndole con el lenguaje del cuerpo “Hijo no te preocupes ya pasa todo. Dentro de poco estaremos fuera de aquí y a salvo”
—Toma esto Roberto y dirígete al Banco de Suiza, lo primero —dijo Javier de la Mata—, no te pondrán ninguna pega si preguntas por el Director del Banco.
A Roberto le cambió la expresión cuando vio el amasijo de ceros que estaban impresos en el papel que mantenía en sus manos. Ese era el capital de toda una empresa, de una corporación mundial o de una multinacional.
—Javier, ¿Esto es legal?
—Todo lo legal que nos permite el Sistema. Hasta hoy he sido el Director legal de la Orden del Clavel. Hemos cometido errores y se deben de subsanar en lo posible. De hecho tenemos que pagar por ello, es la ley de causa y efecto.
—Este dinero no es tuyo —dijo Roberto—, te meterán en la cárcel por ello.
—Estate tranquilo Roberto. Te prometo que no iré a la cárcel. De hecho mañana será el principio de un nuevo mundo para todos, si Dios quiere.
—Me preocupa tu expresión Javier —comentó Roberto—, ¿Qué te propones hacer?
—Lo que haga es solo cosa mía —miró a Miguel, el hijo de su Amigo—, tu cuida bien de tu hijo y sigue educándolo como hasta hoy; pero solo tengo una cosa que reprocharte.
— ¿De que se trata Javier? —Preguntó Roberto poniendo cara de extrañeza.
—Que abandonases tan pronto la Masonería. ¿Cuánto tiempo llevas en sueño masónico, volverás algún día a retomar los trabajos de la Orden?
—Lo dudo mucho Javier —Roberto no contestó  a la primera cuestión—, nunca fui realmente útil a la Orden, cuando me encontraba a gusto en ella. Mi Sueño creo que seguirá siendo eterno. Mis métodos de trabajo están muy lejos de las tesis manipuladoras del Sistema. Lo importante es siempre el objetivo no los medios para llegar a conseguirlo. De hecho, Javier, el objetivo, hoy en día, no es más que una excusa para realizar las más absurdas tropelías; pero gracias, de verdad, por esto —Roberto hizo ostentación del talón que le había sido entregado.
—Otra cosa —volvió a hablar Roberto tras un breve silencio—, esto salvará muchas almas; pero dudo mucho que sea suficiente para redimirnos a todos nosotros.
Javier de la Mata y Vergara sonrió mientras entregaba también un pequeño sobre cerrado a su amigo y despedía a su hijo con una cariñosa mirada.
—Marcharos ahora —dirigió una mirada profunda a Miguel Beltrán—, cuida de tu Padre, necesitará mucho de ti. Ahora se van a poner las cosas feas. Por cierto no abras el sobre hasta que estéis a salvo. Llevaros también este paquete que os he preparado.
—Que Dios le guíe por sus senderos —Dijo Miguel Beltrán mientras regalaba con una sonrisa al amigo de su Padre y tomaba el paquete que le ofrecía Javier.
—Muchas gracias, valiente Lobezno
Roberto y su hijo se dirigieron hacia la salida mientras Javier daba orden, por el interfono, para que dejaran marchar  en paz a sus invitados.
Una vez que se encontró solo, en el despacho, Javier marcó un número en su terminal telefónico.
—Póngame con el Director del Banco de Suiza.
Esperó unos segundos...
—Señor Director, soy Javier de la Mata y Vergara, Gerente de Electrónicas Aplicadas... Hoy mismo he mandado retirar una importante cantidad... ¿La tiene disponible?..., Sí, ya..., bien, le ruego que no ponga ningún tipo de objeción ni realice preguntas; Solo es un mandao... Sí, tal y como convinimos.
—Eso es, Señor Director, muchas gracias.
Javier tomó con su mano izquierda el revolver que se encontraba sobre la mesa. Roberto y su hijo ya se encontraban en la puerta principal cuando pudieron escuchar una potente detonación. A Roberto se le subió el estómago a la garganta, cuando comprendió lo que acababa de suceder. Tomó el medallón que pendía de su cuello y tocó un pequeño micro ruptor. Miguel miró a su progenitor esperando algún tipo de respuesta.
—Vamos hijo, salgamos de aquí, ya no podemos hacer nada más.
Mientras padre e hijo caminaban hacia el exterior del edificio, dos de los guardaespaldas de Javier entraron en su despacho, encontrando el cuerpo inerte de su Jefe con la parte superior sobre un charco de sangre en la mesa de caoba cubana. El teléfono colgado; pero aún en su mano derecha, y un humeante revolver, aun caliente, en su otra mano.
— ¡Dios mío, el Jefe! —Dijo uno de ellos mientras el otro levantaba la cabeza del cadáver, descubriendo un negro orificio de entrada en la sien.
Los dos hombres se miraron entre sí, mientras sus expresiones daban muestra de no comprender nada de lo que allí había sucedido. De pronto, los dos individuos cayeron en la cuenta de las personas que acababan de abandonar el despacho.

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