RESPIRANDO EMOCIONES
LLoraba……..el amor angosto que hasta entonces había derruido todas sus joviales y utópicas creencias, le recordaba que los Martes también había que vivir, pero su filosofía llena de grandilocuencias y recuerdos distorsionados entre delicadas brumas, le hacía percibir el aroma añil de la desgracia.
Sospechaba que el sabor de la guadaña le sería familiar, no obstante todos hemos parido la sangre que emana de sus afilados destellos, pero se negaba a interiorizar las fatales consecuencias que traería consigo el movimiento involuntario de la vida, (¡qué sarcasmo!), girando alrededor de un círculo concéntrico que atraía horizontes encontrados, enlazados sutilmente por los delicados filamentos de las reconfortantes experiencias que desconcertantemente anidaban en la imagen incierta de su pupila.
El Invierno se resistía a marcharse, se agarraba y ceñía con su feroz mandíbula a fechas que ya no se aliaban con su plañidera climatología. Ello había hecho mella en él, tan sensible a la soledad monocromática de su pensamiento. No obstante, aunque desde el punto de vista social era el símbolo de la alegría y la diversión, cuando el sol se despedía del mundo regalando sus últimos brillos destructores de nostalgia, su mente mutaba en un crisol de traidores pensamientos, que aprovechaban para maltratar y herir su alma, haciéndola añicos, y permitiendo que el color púrpura se deslice maliciosamente entre sus vestiduras, despellejando sus ilusiones, mostrándolas en carne viva a los ojos de la fiera que toma su forma de la mano de la conciencia, y esquilma salvajemente los últimos vestigios de entereza, que se escondían detrás de la imagen reluciente de sus perseguidos trofeos, ahora arrancados entre sollozos de la historia recalcitrante, reconstruida a través del acopio de las enésimas moralejas extraídas de sus nocturnas visiones oníricas.
Sabía que acechaba, él era feliz, pero tenía que continuar luchando cuando el color negro se hacía dueño del mundo, escuchaba sus carcajadas a través del minúsculo cristal que encapsula nuestros miedos. Había dejado que su corazón quedase enjaulado, durante minúsculos instantes, (que a él le parecían eternos), entre rejas construidas con la malevolencia que otorga caminar con las alpargatas de la prepotencia y la altivez. Era consciente de sus frecuentes y dolorosos errores, y se cobijaba en la imperfección humana, aunque sabía a ciencia cierta que no había mayor falacia que esconder los excrementos viscerales del olvido dentro del baúl de las desdichas.
Era perfecto conocedor de que el final de la batalla era muy cercano, y aunque su sangre se esparcía por los recónditos escondrijos de su memoria, no era menos cierto que el tiempo le iba a prestar su poder, blandiendo su espada con el hercúleo brazo de la sinceridad, y dejando que su consciente se adentrase en sus entrañas para hacerse experto de sí mismo, es el inevitable dolor que produce la angustia, cuando todas tus defectos y patrañas logran hacerse hueco en tu alma, cuando por amor a la vida logras la ACEPTACIÓN……
Amanecía, POR FIN el sol mordía incesante la sensible aorta de la melancolía, y hacía brotar del minucioso espíritu de la alegría, la brillante policromía del aire fresco. Por fin volvía a su reino, regresaba en la alfombra de la risueña esperanza a la felicidad y placidez que envolvían con suaves sedas su henchido corazón. Otra noche más había vuelto a perder, pero no dejaba de ser eso, una batalla, otra más de las decenas de miles en las que había caído derrotado, pero siempre resistía, su último aliento resistía numantino, sabedor de que el perfume inconfundible del amor, limpiaría con sonrisas cristalinas y puras las llagas de su alma. Feliz, risueño, contemplaba la mirada limpia que emanaba fehacientemente de los ojos adornados por la pasión, dueños y señores de su vida, y una frase de cariño se introdujo, levemente, entre sus oídos de marfil, consiguiendo que el calor se tornase en escudo protector de su extasiado pecho….
GUSTAVO ADOLFO PUERTA
miércoles, 31 de marzo de 2010
Círculos

Y seguimos moviéndonos en círculos, dando vueltas y más vueltas sin llegar jamás a la extenuación, fin loable mas inalcanzable. Recorremos las sendas de la infinitud sin calmar los dolores que la deshidratación provoca en nuestras extremidades. Trasladamos nuestras almas al recinto cerrado de la eternidad, derroteros enmarañados entrelazados sin milladoiros que nos alienten en nuestro caminar.
Marchamos al abismo de la existencia y allí, quietos, observando la caída a nuestro futuro, vemos cómo lo vivido no ha valido para nada; que el polvo que una vez levantamos se difuminó entre otras bandadas de granos de arena, y que la posterior lluvia convirtió todo en lodo; fango que volverá a secarse y a repetir el ciclo.

Círculos y más círculos, trazos esféricos representadores de una realidad agotadora pero ineludible, desgarradura indeleble en nuestra consciencia arcaica, reveladora de arcaicos arcanos, titiritero de nuestros pensamientos y decisoria de nuestros actos; tanto los más racionales como aquellos más primarios.
Todo se vuelve esfera dentro y alrededor nuestra. Todo se puede simbolizar mediante una circunferencia: una peonza, una rueda, un cero, una vida, las vidas… Bien somos el centro u orbitamos. Todo queda en un Universo desde y hasta un punto. Extraña nada geométrica. El punto.

El círculo se cierra en torno nuestro y nos asfixia, nos rodea y nos constriñe dentro de nosotros mismos. Salimos y otra esfera nos acoge en su seno haciéndonos engordar de existencia hasta reventar de nihilismo. Y volvemos a crecer en un nuevo círculo. Hasta la muerte.
Carlos Postigo
Etiquetas:
Carlos Postigo,
Poesía científica
martes, 30 de marzo de 2010
El aprendiz de brujo - Tahir Shah.

Peligrosas son las ideas por sí mismas, independientemente de su contenido, el cual no deja de ser un asidero mental de distinto molde para nuestro vértigo emocional y experiencial. Las ideas como prototipos, nos hacen ver a través de Maia, dirigen nuestra observación hacia la tergiversación de la realidad moviéndonos endogámicamente hasta la autodestrucción sin fin.
Paseando por los instantes, a veces, pisamos una pequeña esquirla que araña sutilmente este velo causando una desgarradura en nuestra mente y provocando que las arterias supuren espasmos orgásmicos. Se inicia toda una serie de procesos naturales en nuestro organismo tendentes a una nueva adaptación a un virginal medio carente de uno mismo. Y claro, volvemos a renacer.
“El aprendiz de brujo” es un pequeño cincel que arremete contra el paludamentum de la realidad perceptiva, ese sayo protector pero miserable en su pobreza. Abre una pequeña brecha en el día a día de nuestras idealizaciones provocando un parto de agónica lucidez, pero exultante de inacabables climax.
Si el espiritualismo védico y sus derivados son el blanco, Tahir nos muestra el arco iris parapléjico, nos descubre el motivo del movimiento y la finalidad de la mixtura. Viajamos al final de la noche para regresar sosegados ante la impunidad del delito ya denunciado hace unos días por un tal Platón.
Asia no deja de ser más que una habitación más de nuestro hogar, con sus cuadros y sus mesillas de noche; algo extrañas como el resto de la casa, pero en definitiva, excluyendo modas dialécticas a parte, no deja de ser un desierto por repoblar de miradas atentas. Y viceversa.
Carlos Postigo
lunes, 29 de marzo de 2010
POEMA DE SAN VALENTÍN
Bendigo escrupulosamente el maravilloso día
En que mis ojos encontraron por primera vez tu semblante,
Convirtiendo desde entonces en esclavo tuyo, mi corazón errante,
Cambiando rápidamente mi alma, en anhelada ambrosía.
Desde entonces la fortuna y la dicha hicieron morada
En la profunda caverna de mis inexploradas entrañas,
Mi furor tornó en sonrisa, gracias a mi amada,
Persigo tu imagen por mil caminos, y cien mil Españas.
La oscuridad monocromática de tus delicados ojos
Horadaron la profundidad de mis ocultos secretos,
Iluminando fielmente el angosto camino, y los perfectos,
Aunque extasiados momentos en que alimentas con ternura mi enojo.
Sucumbo violentamente cuando me golpeas con tu sonrisa,
Muero exhausto ante la delicia que emerge de tu pelo al viento,
Enloquezco cuando miro absorto tus labios, y no miento,
Cuando digo que mi pecho arde cuando me falta tu aliento.
Reivindico de soslayo futuras incursiones
En tu risa emergente de ilusiones fluctuantes
Tu elocuencia me desvirga de fatales emociones,
Resultando ser cúspide magnánima de enternecidos amantes.
Es por ello que feliz y extasiado me derrumbo,
Abrazo tu sombra y la imagen de tu recuerdo
Mi alma radiante por tu deseo, explora otros mundos
Y revolotea alborozada cuando en tus ojos me pierdo.....
TE QUIERO..........
Bendigo escrupulosamente el maravilloso día
En que mis ojos encontraron por primera vez tu semblante,
Convirtiendo desde entonces en esclavo tuyo, mi corazón errante,
Cambiando rápidamente mi alma, en anhelada ambrosía.
Desde entonces la fortuna y la dicha hicieron morada
En la profunda caverna de mis inexploradas entrañas,
Mi furor tornó en sonrisa, gracias a mi amada,
Persigo tu imagen por mil caminos, y cien mil Españas.
La oscuridad monocromática de tus delicados ojos
Horadaron la profundidad de mis ocultos secretos,
Iluminando fielmente el angosto camino, y los perfectos,
Aunque extasiados momentos en que alimentas con ternura mi enojo.
Sucumbo violentamente cuando me golpeas con tu sonrisa,
Muero exhausto ante la delicia que emerge de tu pelo al viento,
Enloquezco cuando miro absorto tus labios, y no miento,
Cuando digo que mi pecho arde cuando me falta tu aliento.
Reivindico de soslayo futuras incursiones
En tu risa emergente de ilusiones fluctuantes
Tu elocuencia me desvirga de fatales emociones,
Resultando ser cúspide magnánima de enternecidos amantes.
Es por ello que feliz y extasiado me derrumbo,
Abrazo tu sombra y la imagen de tu recuerdo
Mi alma radiante por tu deseo, explora otros mundos
Y revolotea alborozada cuando en tus ojos me pierdo.....
TE QUIERO..........
Etiquetas:
Gustavo Adolfo Puerta,
Poema de amor
sábado, 27 de marzo de 2010
Max Estrella y la noche

Y la noche se transformó en un ladrido bohemio con la luz de una farola por luna. Y el teatro salió a la calle, la calle de Madrid, Madrid de Valle-Inclán y su antihéroe Alejandro Sawa.
Como un rebaño trasnochado de utopías extranjeras, Don Máximo Estrella se encarnó en un conglomerado de partículas impersonales y anduvo, hasta el cansancio de una visión deforme en un espejo, hasta que la vida le pudo en el portal de su propia casa.
Noche esperpéntica al abrigo de ideologías ajenas, de vinos en una chocolatería y de anuncios culturales en un antiguo calabozo. De susurros incoherentes en una coherencia mayoritaria y de un respecto abrumador hacia el teatro y sus ahijados.

También momentos de cansancio y pedantería bajo una noche de inicios de primavera, de aire frío al resguardo de una Puerta del Sol donde los hoteles hacían de Madrid una ciudad vanguardista y las religiones hacen de banda sonora al esperpento.
Siempre quedarán bohemios disfrazados de sí mismos y uno mismo disfrazado de bohemio; siempre nos quedará la utopía aquí abajo, en el fondo de la memoria, más allá del alma.
Siempre encontraremos una noche amiga, o un amigo en una noche para tomar un vino y soñar, y remover, y destruir todo aquello que la vida nos ha impuesto. Y seguiremos hablando y hablando hasta que a medianoche, cuando el alba del oficinista se anuncia, volvamos al sopor del sueño reconfortante pero iluso en el porvenir.
El destino de una juventud suicida quedará en los pliegues de nuestras arrugas, allí donde un recuerdo ha grabado con su cincel heridas que un día fueron flores y aguardientes de placer.
Pero hoy vemos pasar a Max Estrella y con él a su Cofradía, compañía de seres muertos, buscadores de un dorado que dejó de brillar, pero que en el fondo da sentido a una noche mágica, la noche de Valle-Inclán; la noche de Max Estrella.
Carlos Postigo
jueves, 25 de marzo de 2010
Haikus y Primavera
No tiene nada
Mi choza en primavera.
Lo tiene todo.
Sodo

La primavera ha llegado, y con ella una nueva estación, nuevos colores, aromas, placeres y dolores que se apegan entre sí evocando recuerdos espinosos. Esa memoria que nos absorbe hacia su interior, agujero negro de la nada y que en la nada acabamos pereciendo. Acantilado de lisas paredes donde no hay asidero donde introducir el dedo meñique y no caer.
La primavera pasa
Lloran los pájaros
Son lágrimas los ojos de los peces
Matsuo Basho

Época de evocaciones, sensaciones a flor de piel, roces del pasado y tinturas místicas de un futuro irreconciliable con nosotros…lejano, muy lejano. Árboles retorcidos en su propia savia, y anfibios expectantes de la onda acuática. Insectos benéficos para el alma y paisajes que nos aturden con su antropomorfología escueta.
Cada mañana,
¿dónde va pensativa
la primavera?
Buson

Poemas del cinco siete cinco con nieve y moraleja para el espíritu. Versos minimalistas revolucionarios de un sentir que se desvanece y germina en todos nuestros nodos, en todos aquellos rincones de nuestra impermeabilidad menos elástica de nosotros mismos.
¡Qué pronto prende
y qué pronto se apaga
una luciérnaga!
Kiorai

Carlos Postigo
Mi choza en primavera.
Lo tiene todo.
Sodo

La primavera ha llegado, y con ella una nueva estación, nuevos colores, aromas, placeres y dolores que se apegan entre sí evocando recuerdos espinosos. Esa memoria que nos absorbe hacia su interior, agujero negro de la nada y que en la nada acabamos pereciendo. Acantilado de lisas paredes donde no hay asidero donde introducir el dedo meñique y no caer.
La primavera pasa
Lloran los pájaros
Son lágrimas los ojos de los peces
Matsuo Basho

Época de evocaciones, sensaciones a flor de piel, roces del pasado y tinturas místicas de un futuro irreconciliable con nosotros…lejano, muy lejano. Árboles retorcidos en su propia savia, y anfibios expectantes de la onda acuática. Insectos benéficos para el alma y paisajes que nos aturden con su antropomorfología escueta.
Cada mañana,
¿dónde va pensativa
la primavera?
Buson

Poemas del cinco siete cinco con nieve y moraleja para el espíritu. Versos minimalistas revolucionarios de un sentir que se desvanece y germina en todos nuestros nodos, en todos aquellos rincones de nuestra impermeabilidad menos elástica de nosotros mismos.
¡Qué pronto prende
y qué pronto se apaga
una luciérnaga!
Kiorai

Carlos Postigo
martes, 23 de marzo de 2010
Cambios
Sucede que la vida vuela y nosotros con ella. Sucede que nacemos, morimos y volvemos a nacer todos los días; y a cada instante entramos y volvemos a salir de la senda que nunca jamás se puede volver a pisar.

Sucede que hace unos días éramos inconscientes de nuestra felicidad y hoy somos conscientes del paso del tiempo, del discurrir de una corriente de agua que hace unos días era un sutil arroyo y mañana será un torrente de sangre vertida en el mar.
Sucede y no deja de suceder, ayer aquí y hoy también y mañana también y así podrá ser sin volver a ser sin cambiar de estado o no; pero ya no seremos lo que somos y menos lo que fuimos o pudimos ser. Ya no podremos desviarnos en la última encrucijada; ya no podremos tomar el atajo del éxito o la dureza de la realidad que una vez pudimos elegir. Ya decidimos en su momento y ahora no somos, ni remotamente intentarlo, lo que pudimos haber sido.

Yo soy yo, mis circunstancias y su conjunción. Y Fortuna acechando en el horizonte atenta a intervenir sin descanso, siempre modulando y golpeando con su mazo decisorio sobre cualquier hilo argumental que escribamos. Dharma gira sobre nuestra moral y acaba imponiendo su ritmo en nuestros pasos, poco a poco pero sin caer a la cuneta.
Noble río es aquel cuyas aguas no se desbordan y evitan inundaciones ajenas a su caudal, que muestra templanza en las tormentas y rigidez ante el trueno y su rayo. Río en definitiva cuya desembocadura se abre acogiendo al salitre y a la gaviota, haciendo que su muerte quede en la nada de una nada que una vez todo lo fue.
Hoy, mañana, ahora, en este instante, ya no se es siguiendo siendo. Gira la rueda desde el amanecer hasta el crepúsculo llevándose a uno por delante y renaciendo de la misma sangre derramada, de la misma vida que fue pero que sigue siendo.
Carlos Postigo
Etiquetas:
Carlos Postigo,
Poesía científica
Suscribirse a:
Entradas (Atom)