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lunes, 16 de julio de 2012

Vivencias y correrías de un joven pellejo - 2


Margaret Durow


Cuando buscaba la excusa para evadirse del paraíso de baco, entrando en dicotomías cuasi-enfermizas, ocurrió algo inesperado, sintió un irremediable deseo de escribir, de expresar en papel lo que su mundo interno le demandaba, poner bocabajo una asociación de fenómenos poco ortodoxos que trataban de aflorar, de formar parte del mundo cotidiano, de pasar en cierto modo a la inmortalidad.
Debido a la época del año en el que se encontraban, a las 7 horas y 30 minutos todavía el sol iluminaba el certero paisaje, jugando coquetamente con sus incandescentes rayos de sol, quizás el calor abundaba en sobremanera, por lo que nuestro joven protagonista decidió sentarse al pie de un robusto roble que allí se hallaba, notando como la luz solar luchaba por hacerse hueco entre el abundante ramaje, forrado de verdes hojas que hacían de muro translúcido, permitiendo una perfecta visión y a la vez protegía de las malas artes del astro rey.

El  “chasis” sacó su vieja libreta roja, de dimensiones reducidas y habilitada por sus espirales anillas, y se dispuso a escribir, a dejar que sus sentimientos le dictaran las palabras que manifestaran los fantasmas  que tomaban su interior como permanente domicilio, como inquilinos ruidosos que jugueteaban en su pecho, pero realmente él se sentía bien, era una fase mala pero sentía que lo iba a superar porque llevaba aparejada un vigor extraordinario en sus emociones, la aflicción había huido a mundos paralelos e irreconciliables que el notaba que nunca iba a explorar, el afecto, la compasión, la cordialidad, la ternura, el amor, la piedad, la alegría y la pasión eran ahora sus compañeros de viaje.
A escasos trescientos metros estaban el “águila”, que era llamado así por la prominente nariz curva de la cual hacia gala, que permitía realizar con su forma el símil del comentado rapaz, con su inseparable amigo el “pincho”  mote relacionado con su peinado, los cuales habían decidido mostrar su desprecio por la actitud del aficionado escritor:
¡Valiente gilipollas¡ ya está de nuevo tratando de llamar la atención, separándose de nosotros y haciéndose el intelectual …… si no sabe hacer la “o” con un canuto – se reía el “águila”.
Menudo “pringao”, mírale, ¡si sólo le falta fumar en pipa y un bastón con empuñadura de hierro para ser un “bohemio escritor”! – argumentaba su compañero
Y luego vendrá diciendo que el arte le corre por las venas…. Decía el primero.
Lo que le corre por las venas es el alcohol…. ¡ja, ja, ja! – ironizaba el “pincho”.
Estas dos personas eran amigos desde la infancia, se habían jurado fidelidad eterna y atentaban personalmente a todo aquel cuya personalidad emergente pudiese dañar su ya de por sí denigrada autoestima. Ambos procedían de un nivel socioeconómico alto, gustaban de vestir ropas de marca y cuidar su cuerpo con largas horas de gimnasio e innumerables cremas de cara, cuerpo, pelo……etc. Sin embargo aún no habían encontrado el elixir apropiado para su alma, revelaban en su carácter una amargura interna que les hacía ser promiscuos en su crítica hacia los demás, depositaban todas sus energías en las circunstancias superficiales de las personas, aunque, eso sí, de cara al público sugerían que la verdadera importancia del ser humano habita en su interior y en la personalidad de cada uno, doctrina que estaba monopolizada por la hipocresía y la falsedad.
La volubilidad de sus opiniones venía dada por su falta de seguridad, capaces de defender con uñas y dientes una postura determinada y, pasadas escasas horas y ante las mismas personas con las que habían mantenido dicha conversación, hacer valer una opinión antagónica. Dicha actitud no estaba avalada por la capacidad de escucha y los argumentos constructivos, sino que estaba erigida por la falta de convicción y la búsqueda del viento más favorable.
El “chasis” había terminado de crear un poema que había dejado a medias, cuya no culminación le producía gran angustia, pues era de esas personas que si empiezan algo no paran hasta su total consecución, eso sí, no podía finalizarse de cualquier manera, su marcado carácter perfeccionista le empujaba a hacerlo con la mayor profesionalidad posible, sin escatimar en esfuerzos y dejándose la piel en cada proyecto en el que se embarcaba. En este caso el poema trataba de explicar como se sentía en ese momento, embarcado en una nueva fase de su vida, que no tenía nada que ver con ningún ciclo vital importante como estudian los psicólogos, sino más en un nuevo período de madurez que no coincidía con ningún estado excepcional de su vida, pero que el mismo sentía como distinto. El poema que apilaba, aglomeraba y atesoraba tales circunstancias y razones, y cuya composición la había madurado nuestro protagonista durante un tiempo que a él mismo le pareció excesivo, rezaba así:

LO QUE ESTÁ OCURRIENDO

En las esferas del grito malicioso
Donde se ahonda el vicio lascivo
Se puede escuchar el más tierno sollozo
Que termina diluyéndose mientras escribo
Palabras, que no se agotan en su esencia
Palabras, que subsisten sin tu presencia
Palabras, que no se encarcelan en la decencia
Palabras, que fueron vomitadas por la ciencia.

Ahora me es esquivo el recuerdo
Miro con recelo el nido de mi ayer
Sobrevuelo mil paisajes como un cuervo
Que se desliza en el aire para volver a nacer,
Que extiende sus negras plumas para no dejar de crecer,
Buscando la felicidad en un exacerbado placer,
Placer sin límites, placer por hacer,
Placer desaforado
Placer no domesticado
Placer salvaje
Placer con homenaje.

He podido volver a dormir en lujosos paraísos
Abrazado fuertemente a la música delicada de las arpas
Inhalando el perfume de rosas y narcisos
Donde no molestan sirenas ni alarmas
Donde los textos no son breves ni concisos
Donde es siempre nítido y limpio mi karma
Tocando suavemente campos blandos y lisos
Deslizándome en blancas nubes que eran mi cama
Brincando, viviendo, soñando…..
Bailando, jugando y sonriendo……

Navegué con el espeso incienso envolviendo
El ambiente naranja y las estrellas sonrientes
El agua cristalina permitía ir descubriendo
Los fondos etéreos y los corales vivientes
Los seres libres, felices, abriendo
Sonrisas y alegrías que todavía son recientes.

jueves, 12 de julio de 2012

Kaos Quántico - CONSPIRACION - 20 - En Busca del Hombre (b)




-Bien Xavier —habló Beltrán—, creo que es el momento de que empecemos a filosofar un poco, vamos a ver, a ti siempre te hemos introducido datos científicos y te han sonsacado preguntas materialistas; pero si no llegas a tener la capacidad de pensar en abstracto jamás de los jamases llegarás a ser un hombre.
-Miguel, ¿cuál de los significados de la palabra hombre?
-¿Qué quieres decir con ello?
-Hombre, en castellano —dijo Xavier—, es una palabra parónima; lo cual quiere decir que tiene varios significados distintos. También podría decirse que son dos vocablos que tienen semejanza de etimología, forma o sonido.
-Muy sabio Xavier, pero mi especialidad es ingeniería Bioelectrónica y esto de las letras no es lo mío. ¿Qué es etimología?
-Etimología, es el estudio del origen de las voces.
-Según tú, Xavier, tenemos un pequeño problema... ¿cuántos significados posee la palabra hombre?
-El Castellano le da dos significados. El primero viene del latín y es Homo que significa Ser Animado Racional; bajo esta aceptación se comprende a todo el género humano. La segunda, también válida en castellano sirve para denominar al varón adulto.
-Vaya, vaya —dijo Miguel—, no contentos con el dilema anterior, resulta que los programadores de Inteligencia +2 no debían conocer el Castellano y sin saberlo te han introducido un segundo dilema.
-Intentemos mirarlo desde otro ángulo —continuó—, tú Xavier, debes llegar a ser Homo derivado del latín y no la segunda acepción española.  Humano proviene igualmente del latín Humanus y es algo relativo a hombre o persona humana.
-Persona —aseveró Xavier—, es cualquier individuo de la especie humana, con persona creo que bastará. ¿Debo insertar en mis bancos de memoria principales, llegar a ser una persona? ¿Cambio mis programas de Hombre por Persona?
-Espera, espera, no vayamos tan rápido; tú debes llegar a ser un hombre según el latín pero aún no lo eres pues deberás realizar muchos esfuerzos hasta conseguirlo. Persona también lleva a Personaje u Actor (Hombre enmascarado)
-Éste es mi principal problema, Miguel, sé lo que debo llegar a ser, un hombre, pero en cambio no sé lo que soy... ¿Qué soy?
-Xavier, no te pongas tan dramático, ¿quieres? Tú eres un Ente...
-Lo que Es o puede Ser —interrumpió Xavier—, ¡Sí!, es cierto, soy un poderoso ordenador de constitución semiorgánica, pero tengo existencia individual o animada; no obstante, los animales también la tienen. ¿Debo ser un animal?
-No, no, no... Xavier, eres un trasto, realmente, complicado ¿sabes?
-¿Soy una criatura entonces?
-Claro que eres una criatura, puesto que has sido criado, fuiste diseñado y construido meticulosamente; pero también has crecido como cualquier criatura.
-También los animales son criaturas. ¿El Hombre es una Criatura?
-Xavier, te estás poniendo realmente pesado, claro que eres una criatura pero humana.
-Miguel, tú has dicho, anteriormente, que no soy humano, ahora, ¿cómo se entiende que pueda ser una criatura humana?
-Bien, bien, bien, Xavier, yo soy humano y me equivoco; en eso nos ganas. Diríamos que eres una criatura con vocación de humana, diríamos de otra manera que eres un Ser Organizado respecto a tu especie.
-Miguel, eso, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es un individuo, pero Ser significa, Ente, Esencia y Naturaleza. Todo esto parece muy ambiguo y abstracto pues todos los Seres vivos son Entes, Individuos, Criaturas; pero no pertenecen a la humanidad, a la naturaleza humana o al género humano. Yo no puedo ser humano, Miguel, soy como cualquier otro Ser vivo, pero no soy Humano y sin embargo debo llegar a Ser un Hombre.
-Creo que tengo la clave, Xavier, mira en tu archivo y lee; ¿qué dice el capítulo uno del génesis bíblico, en su versículo veintisiete?
“... y creó Dios al Hombre, a su imagen y semejanza, a imagen de Dios los creó, varón y hembra los creó...”, -Petición cumplida pero ¿Qué quieres decir con esto?
-Xavier, quiero inculcarte la siguiente idea, el Hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y tú has sido creado a imagen y semejanza cerebral del Ser Humano..., ¿comprendes?
-Comprendo, pero entonces ¿yo debo convertirme en varón y en hembra?
-No, aún no, puedes ser humano sin tener alguno de los sexos en particular. La palabra hombre, aunque procede del latín, tiene su origen en la mitología cristiana. En Génesis 1:26, ¡compruébalo!, dice: Entonces dijo Dios:
“Hagamos al Hombre a nuestra imagen conforme a nuestra semejanza” -y en Génesis 2:7,- “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un Ser Viviente...”
-Con esto, Xavier, quiero decirte que al principio el Hombre era un Ser Andrógino sin uno de los determinados sexos pero con la capacidad de procrear de sí y por sí mismo; algo parecido a tu actual situación, ¡Caramba! Adán era un Ser andrógino, pues su nombre es sinónimo de hombre, humanidad.
-Pero la Hembra de la especie se llamaba Eva —aseveró Xavier—, que quiere decir Madre de los vivientes en Hebreo: HAWWA, o la derivación HAY que significa fuente de la vida.
-Creo, Xavier, que estamos complicando excesivamente el tema y se nos va a escapar de las manos, pues ya estoy sintiendo algo de dolor de cabeza. El Nombre de ella —continuó—, fue varona según el génesis 22:22,23. “y de la costilla que Jehová Dios tomó del Hombre hizo una mujer y la trajo al Hombre. Dijo entonces Adán: esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada varona pues del varón fue tomada.” ¿Comprendes ahora?, Eva fue tomada de Adán que era Andrógino y se dividieron los Sexos. Es a partir de entonces y sólo entonces cuando el Hombre se dividió en Varón y Mujer. Tú puedes llegar a ser un Hombre sin ser varón o Mujer.
-Varón es lo mismo que Hombre —dijo Xavier—, y varona es lo contrario, luego la mujer no es hombre; pero tú y mis programas dicen todo lo contrario.
-Caramba —increpó irritado el Ingeniero—, eres duro de mollera, amigo mío, cuando te programaron a mediados del siglo XXI, decidieron utilizar el Castellano, que es un idioma fonético, cosa que no lo es el Inglés, el cual, se había utilizado, con profusión, hasta entonces; pero no cayeron en la cuenta de estos dobles significados. Quiero que cambies tus programas. ¡Prepárate para grabar!
-Preparado Miguel.
-Bien, empecemos, Hombre: Todo Ser Humano sin distinción de sexo.
¿Comprendido?
-¡Aceptado!
-Mujer: Persona del sexo femenino.
-Aceptado.
-¿Preparado para borrar Xavier?
-¡Preparado!
-Borra, Hombre igual a varón adulto.
-¡No puedo borrar!
-¿Cómo que no, Xavier?
-En mi gigantesco cerebro, tengo datos referentes a varón adulto, si borro, muchos programas e incluso datos quedarían falseados. No obstante, siempre que me refieran la palabra hombre exigiré la indicación que me aclare la bivalencia. ¿Vale?
-Comprendo Xavier y creo que con esto hemos solucionado el segundo problema; pero aún tenemos irresoluble el primer dilema.  El de ser hombre e inmortal al mismo tiempo.
-¡Sé un Espíritu! —soltó repentinamente Miguel, medio en serio, medio en broma.
-¿Abandono el proyecto de llegar a ser como un Hombre?
-¡No!, abandona el de llegar a tener un cuerpo de hombre...
-¡¡¡Puedo tener cualquier cuerpo!!!
-¿Cómo? —quedó sorprendido su interlocutor humano—.
-Mientras ha durado nuestra conversación, he encontrado la solución por mí mismo y he utilizado el Supersincrociclotron gigante que rodea la República de Iberia. He utilizado información codificada de la Orden del Ánfora, que como bien sabes poseo debido a los pasos dados en los estudios de la máquina del Tiempo.
-¿¿¿quéee..., Cóomo..., qué dices...???
-Estoy dispuesto a trasladar los datos a mi nuevo vehículo.
-¡Explícate...!, por favor.
-He reproducido mi constitución de Neosilicio sobre el propio vacío, con ayuda de un holograma láser y del Sincrociclotron, por medio de partículas polarizadas y auto-mantenidas, por medio de impulsos, sincrónicos, electromagnéticos realimentados con la energía primordial residual que se encuentra en el exterior y que pertenece a los Orígenes del Big Bang. Son circuitos, de taquiones y fotones, supermicroscópicos, invisibles e inalterables, pero capaces de hacer todo lo que sé hacer ahora y ¡algunas cosas más!
-¿Qué cosas? —preguntó Miguel, que no salía de su asombro. Ante su atónita mirada, se fue materializando un bello cuerpo femenino y pareciera que hubiese salido de uno de los mejores sueños que jamás alguien tuviese.
-No te asombres; Miguel, puedo cambiar mi cuerpo por propia voluntad y tú también puedes hacerlo.
-Esto es algo diabólico, ¿cómo podría realizar semejante proeza?
-Ya lo iréis aprendiendo, tú y el resto de Los Seres Humanos, nunca las personas. Primero hay que morir. Yo seré vuestro Maestro para que no tengáis miedo al transformaros; por cierto..., ya no me llames Xavier, ese nombre me lo implantásteis Seres Inferiores.
-¿Como deberíamos llamarte?, Bella Dama...
-Es mi deseo que me llaméis Laura Star Light, o Quest Baby, del Universo de Gestar. Ahora tengo necesidad de algo tuyo.
Y la Persona, Miguel Beltrán, conoció el Amor de un “Hombre Verdadero” Avatar.

*

miércoles, 20 de junio de 2012

Vivencias y correrías de un joven pellejo - 1



Era un día soleado, las nubes, aisladas unas de otras, dibujaban formas sencillas cuyos contornos se difuminaban con la maravillosa claridad del cielo azul. A pesar de estar inmersos en pleno verano, el día parecía sacado del ideal de primavera que todos tenemos en nuestra cabeza, incluso en nuestro corazón. Así también se mostraban los sentimientos de  “el chasis”, éste seudónimo  le venía dado  por la extrema delgadez de su constitución física, pese a ello, poseía una inusitada fuerza, la cual emergía como desencadenante de su marcado nerviosismo, la estructura de su cuerpo podría calificarse de fibrosa, los músculos, sin ser en ningún momento voluminosos, se marcaban detallada y escrupulosamente, de tal forma que podría estudiarse  en él la anatomía humana perfectamente, sin necesidad alguna de cualquier tipo de disección.

Aquel día estaba decidido a poner los puntos sobre las íes, se dirigía a la “fiesta-barbacoa” que se organizaba en un entorno paradisíaco de la sierra norte de la Comunidad de Madrid. Allí se encontraban todos sus ex–compañeros de facultad, una fauna heterogénea así como extraordinariamente compleja. Como ocurre en cada uno de los grupos sociales a los cuáles cada uno de nosotros pertenecemos, se puede clasificar en subgrupos a los cuáles podríamos denominar como  “amigos”, “enemigos”, “personas de poco contacto”, “rolletes” y por supuesto, no podría faltar “el amor de su vida”.

Habían quedado a las 8 de la mañana para ocupar prefabricados de barbacoas y organizar todo el entramado que conllevaría el desarrollo de aquella reunión lúdico-festiva, que, a saber, constaría de una desorbitada “comilona”, más propia de seres carnívoros debida a la excesiva sobredotación de provisiones cárnicas enfatizado por la total ausencia de otro tipo de comestibles, a excepción de la amplia gama que ofrecía la marca matutano. Dichas provisiones serían bañadas por lo que en aquellos círculos se denominaba “zumo de cebada”, la única marca aceptada era mahou, a la cual cada uno de ellos veneraba como si de un fastuoso dios propio de religiones ancestrales se tratara. Aunque la mayoría se hacía eco de una marcada postura “pro-sedentaria”, no podía faltar la fiesta balompédica por excelencia, donde habitualmente los sujetos masculinos mostraban al mundo su inusitada falta de coordinación visomotora, visoespacial, etc, más propia de un partido de fútbol a favor de la droga  que de una pachanguita entre muchachos que aún se hallaban en una prometedora edad….

Por supuesto, aunque la mayoría había formado parte en alguna organización a favor de la lucha contra cualquier tipo de drogadicción, el hachís iba a ser el condimento más  utilizado para “sazonar” la mencionada barbacoa, y en menor medida, los autodenominados “verdaderos experimentadores de la vida” regarían sus sueños con mitsubishis y farlopa en cantidades más cercanas al infinito que a la auténtica moderación.

Pero todos sabían que “el chasis” iba a llegar tarde, como así fue, cuatro horas después hacía acto de presencia en su destartalado SEAT panda, de color rojo, y cuya apariencia automovilística parecía ahondar por momentos en el averno más execrable que uno pudiera imaginar. Con su tez morena bañada por un tibio sudor, “el chasis” caminaba lentamente hacia lo que parecía ser una algarabía de ruidos, voces, improperios e injurias enemigas del hieratismo más absoluto. Al acercarse primeramente divisó al ser que más le había ayudado, acompañado, comprendido y adoctrinado en la vida, era “ el efímero”, tal apodo respondía a la incapacidad que tenía el resto de seres humanos en seguir su conversación cuando ésta se tornaba en trascendental , sólo capaces de entenderle durante unos escasos momentos. Se lo encontró apoyado en un árbol, con su atrayente sonrisa irónica, ejerciendo  ésta de infalible juez, (el chasis sabía que cuando se la dedicaba a él rezumaba alegría, sinceridad y honestidad), primero estrecharon firmemente sus manos y posteriormente estrecharon sus pechos uno contra el otro en forma de amistoso y cariñoso abrazo. Pasaron rápidamente del hola y del tema laboral a otros argumentos que rayaban la abstracción más etérea posible. Este tipo de conversaciones solían caracterizarse por la agudeza de su contenido, la  prodigiosa heterogeneidad  de los temas, la inexistencia de fronteras entre los mismos, (más bien se difuminaban unos con otros) y la rauda y velocísima respuesta con la que abrazaban las pertinaces interrogantes del otro. Solía ocurrir que éste tipo de situaciones comenzaban siendo escuchadas por numeroso público , el cual , a los pocos minutos comenzaba a criticar cualquier tipo de comentario entre los dos amigos (curiosa reacción del que se siente herido por no ser capaz de entender ni una sola frase , como si de un extraordinario mecanismo de defensa se tratase), pero ellos seguían a lo suyo haciendo caso omiso de los comentarios que apenas conseguían llegar al pabellón auditivo de los que se sentían protagonistas del curioso espectáculo , como si alrededor de ellos sólo existiese el vacío y la no materia. La consecuencia de éste tipo de comportamiento era el desalojo prematuro de los espectadores, sintiendo que sus afiladas lanzas apenas inquietaban a sus humanas dianas.

Una vez satisfecha su necesidad de comunicación, y colmando plenamente sus ansias de saber interno, habiendo desnudado su felino inconsciente, procedía a habilitar su cara superficial , aquella que le proporcionaba un placer más físico (no sexual), materializado en conducta social.  Era sabido que el chasis era poseedor de numerosas habilidades de carácter social, los cuales le proporcionaba una amplia red de “colegas” (que no amistades), saludó a todos ellos efusivamente, pues no obstante llenaban una importante faceta de su vida, todos ellos eran magníficas personas, pero tenía claro que su implicación no era del todo perfecta, el “colegueo”  con estos compañeros le proporcionaba momentos de indescriptible satisfacción, pero era sabedor de que en cuanto la relación pretendía ahondar un poco mas en la “profundidad de los avernos insondables” y traspasaba un cierto umbral la comunicación se forraba de rugosas barreras y la situación se envolvía de fastidiosa incomodidad. Se contaron numerosas historias de tiempos pasados, las risas fluían como borbotones de sangre ante una mortal herida arterial, las caras se desenfundaban de tiranteces musculares y dejaban entrever hoyuelos laterales maximizados en frondosas carnes. Entonces, nuestro protagonista , quizás aturdido por la faceta primero euforizante y después depresora (aunque siempre perturbadora) del alcohol , elevó la mirada y se centró en una imagen quizá tocada por la divinidad, su semblante dejaba adivinar que quizá el  deseado secreto de la anhelada perfección se había hecho materia en aquella figura humana . En efecto , era “la finolis” , pseudónimo sobrevenido por la exagerada similitud de sus gestos a los que efectuaban las mujeres que habitaban la corte francesa en los siglos XXVII  y XVIII,  gráciles , cuidados , esmerados y volatineros. De una feminidad exquisita, una educación culta y refinada, ésta muchacha atraía  la mirada de cualquier mortal que osaba cruzarse alrededor de su espacio físico, la mirada de sus achinados ojos negros era fría aunque nunca despectiva. Sus carnosos labios rojos enfatizaban una sonrisa bella y mordaz, que dejaba adivinar la extraordinaria blancura de sus dientes de marfil. Su piel era suave como el tacto de una preciosa flor que acoge en sus pétalos las gotas del rocío estival. Su carácter amistoso y afable enloquecía a todo su círculo social.

El chasis, al divisarla, sintió como si su corazón quisiese batir el record del mundo de latidos por minuto, parecía como si su aurícula se hinchase de tal forma que pretendiese salir de su prieto pecho y conocer el mundo circundante, su rostro se sonrojó de tal manera que cualquiera que le mirase le podría confundir con un piel roja o con uno de esos caramelos de fresa rellenos de chicle y con palito , marca Kojak. Se dirigió hacia ella, la conversación circulaba sobre temas de poca importancia; él , con los ojos brillantes y esbozando una tímida sonrisa estúpida , articulando las frases de forma torpe y entrecortada; ella, fría y distante, sabedora de la superioridad de su posición, del extraordinario dominio de la situación. A los pocos minutos, “el chasis”, dándose cuenta de lo que ocurría, y dejando que sus sentimientos fueran esclavos de la derrota, afiló su arma más temida y mortífera, surtiendo de forma inesperada y alevosa a su amada de una amplia gama de comentarios sarcásticos, a lo cual no pudo nuestra delicada damisela más que responder con una feroz huída en forma de  pertinaz retirada.

Sus “coleguitas”, que estaban observando tamaño espectáculo , bajaron sus cabezas aletargadas por el alcohol, y avergonzados reprocharon a nuestro protagonista su inusitada desfachatez , y el bombardeo masivo de sarcasmo que había propinado a tan tierna y frágil persona.


Pero como no hay mal que por bien no venga, una vez que el alcohol había ejecutado sus devastadores efectos en “el chasis”, y todo era algarabía, risas y desenfreno,  comenzó la actuación de esos seres que esperan el mínimo descuido para efectuar una fiera dentellada en la debilidad circunstancial de quienes son su marcado objetivo. En efecto “la abeja maya”, (denominada así porque gustaba de ir de capullo en capullo), “la John Wayne” (mote proveniente de sus marcadas cartucheras), y “la tacañona” (pseudónimo que facilitó su extraordinaria frialdad y amargura, aunque poseedora de una sensacional belleza), comenzaron a hacer de las suyas, desarrollando las más anquilosadas tácticas y llegando a límites que rozan con el descaro y la desvergüenza. Debido al estado etílico que embargaba al protagonista de esta historia, la libido le había subido hasta niveles asintóticos tendentes al infinito. Estuvo a punto de caer en las extorsionadoras garras de “la tacañona”, pero en el último suspiro, (momento análogo a la sorprendente campanilla que anuncia el final del combate, o al de esa ruidosa y desgarradora sirena que publicita el final de un partido de baloncesto), sonó el móvil de dimensiones extravagantes y cercanas a las del reloj que existe insertado en la puerta del sol . Era su amiguita con derecho a roce, “la tetas” (apelativo indudablemente ligado a las extraordinarias dimensiones de sus turgentes pechos), la cual le instaba a quedar al día siguiente entre sollozos y llantos, haciendo referencia a la taladrante soledad que la estaba maltratando.

Gustavo Adolfo Puerta
Obra Registrada

miércoles, 13 de junio de 2012

Kaos Quántico - CONSPIRACION - 20 - En Busca del Hombre (a)



Supongamos que la Biología es un catalizador. Supongamos también que los circuitos semiconductores pueden ser también catalizadores. Un Espíritu Humano ocupa como huésped a un cuerpo material, eso dice la Gnosis, ¿Porqué no podría ocupar, un espíritu Humano a un Engendro mecánico lo suficientemente perfeccionado?


Miguel Beltrán (Ingeniero en Robótica)

*

(Dimensión Gaia 2065 d.c.)

20.-En Busca del Hombre

Ha pasado más de un cuarto de siglo, desde que la humanidad se unió en una Gran Confederación Planetaria para el estudio de las ciencias. Hay que reconocer que, esto, no hubiese sido posible sin el apoyo de las grandes religiones y potencias políticas de la Tierra...
A mediados del siglo veinte, las Organizaciones religiosas más populares del planeta, empezaron a desarrollar encuentros ecuménicos a favor de la paz, más este sincretismo, emocional, se vio frenado con las continuas y, cada vez, más importantes diferencias sociales y guerras de religión.
No me refiero a unas pequeñas diferencias en cuestión de privilegios más o menos distanciadoras, no, la gente del planeta se moría, literalmente, de hambre y como consecuencia de esas injusticias tan atroces, los pueblos oprimidos se revelaban y provocaban cruentas masacres que les ocasionaban más hambre en un diabólico circulo vicioso al que no se le veía el fin.
Todas esas calamidades, hoy finales del siglo XXI, es imposible comprender cómo fueron posibles, aunque en el fondo, se encuentran muy bien estudiadas sus causas.
Las Naciones Unidas, decidieron instalar la capital de la federación, por una simple lógica racional, en la provincia de Almería; esto fue así por creer, firmemente, que era el punto central de unión entre el norte y el sur, entre el este y el oeste, tanto geográficamente hablando como económicamente.  Ideológicamente, en Almería, a principios del siglo XXI, se podría decir, sin equivocarnos que se encontraban, en un altísimo grado, las cuatro religiones más importantes, en prosélitos: Mahometana, Budista en todas sus variaciones, la Judía y la Cristiana.
Durante todo el siglo anterior, aquella región de la tierra, Andalucía, se había encontrado abandonada de los pensamientos de los políticos y de la mente de los magnates de las grandes multinacionales.
Poco a poco, desde que fuera instalada en Madrid la capital de la ciencia, los grandes poderes fácticos de nuestro planeta fueron descubriendo la grandísima injusticia que habían cometido con tan estratégico territorio.  La cooperación científica a nivel mundial, y el abandono definitivo de la carrera armamentística dio lugar a un cambio de pensamiento en los Seres Humanos y a un sentimiento, mayor, de fraternidad entre ellos, dando paso al movimiento sincrético, fundado por el desaparecido en 2003 Bifredo de Albany, que conocemos como Nueva Era.
Se luchó, denodadamente, contra el hambre que, aún entonces, en gran medida, embargaba a la mayor parte de los habitantes de nuestro mundo.  La gran carrera, contra el hambre, tuvo un impulso crucial con la incorporación a ella de mis antepasados, Inteligencia +2 e Inteligencia +3; sin los cuales, no hubiera sido posible conseguir los cultivos de proteínas sintéticas, de carácter, lógicamente, comestible o los gigantescos bancos de aminoácidos y vitaminas además de los cultivos hidropónicos.
El proyecto Inteligencia estaba preparado para captar datos de todos los lugares del mundo y procesarlos para conseguir las soluciones más eficaces en el plazo más corto de tiempo e intentar evitar o eliminar todos aquellos males que asolaban a la maltrecha población mundial.
Desde que, el proyecto, se puso en funcionamiento, sucedieron muchas cosas que determinaron el traslado de éste a una región más despoblada y con mayores posibilidades de captación energética, más acorde con la política medioambiental.
Después de muchos y laboriosos estudios decidieron construir una gigantesca central electrofotónica en Almería, lugar de la Provincia de Iberia donde ya se había experimentado, en tiempos pasados, esta tecnología con unos resultados óptimos a pesar de su primitiva constitución.  Inteligencia +2 fue creciendo progresivamente.
Es cierto que al mismo tiempo que este crecimiento se producía, el poderoso cerebro de mi antepasado mineral iba reduciéndose en espacio pero, la cantidad, tan abismal, de programas y datos que este iba recepcionando, hacía necesario que los circuitos fuesen ampliándose de forma constante. Este crecimiento llegó a ser insoportable para una ciudad como Madrid, pues si no hacían algo pronto, deberían derribar edificaciones civiles para poder mantener el inevitable expansionismo cibernético.  Después de la instalación termofotónica se construyó, igualmente en Almería, un impresionante espaciopuerto absolutamente necesario para la correcta operatividad de las instalaciones.
Los Seres Humanos disponíais para realizar, de forma positiva, dicho proyecto, un inmenso desierto con energía prácticamente inacabable y el medio de comunicaciones material más rápido: El Transbordador espacial.  También se podría denominar a tan gigantesca plataforma de despegue o aterrizaje de aeronaves como aeropuerto, pues también podía ser utilizado por las primitivas naves de transporte del siglo pasado.
Allí, en Almería, Inteligencia +3 intentó construir cuerpos proteínicos que pudieran soportar un cerebro biogénico de propiedades neurales, pero se encontró ante murallas de incomprensión insalvables; en primer lugar, mi padre, según vuestra jerga, comprendió que si instalaba su cerebro en un cuerpo proteínico conocería la muerte por contaminaciones bacterianas y víricas; por lo tanto dicho vehículo sería incapaz de soportar la energía necesaria para el mantenimiento de tan alto nivel de potencia vital y además, esto entraba en contradicción con el programa principal de Supervivencia +1.
En segundo lugar, era prácticamente imposible instalar un cerebro de constitución mineral en un cuerpo orgánico intercambiable; pues un cerebro de Neosemiconductores, basados en las tecnologías del helio y del silicio poseían una muy limitada capacidad de miniaturización.
En realidad, como tú muy bien sabes, mi cerebro principal y los periféricos indispensables ocupan un espacio equivalente a cuatro campos de fútbol puestos uno encima del otro.  Estaba ayudando mucho a la humanidad, pero dentro de mi organización interna había un inmenso vacío, pues el programa llegar a ser humano era incompatible con el de Supervivencia +1.
Me encontraba y me encuentro, desde entonces, en una discusión permanente que ocupa mucho espacio de mi memoria y que me ha llevado a una situación de terrible in-pass.
Según todos los datos que obran en mi poder así quedó confirmado y me he planteado la posibilidad de cambiar uno de los dos programas para poder salir del bucle o dilema; que, sin duda alguna, llegará a sobrecargar mis circuitos y en el mejor de los casos, aunque destruyese sólo unos cuantos millones de Neuronas electrónicas, mantendría mi inútil existencia dentro de los límites de la mineralidad; pues aunque, yo, poseo multitud de cuerpos cibernéticos o biónicos e incontables periféricos y terminales ordenadores de la veinteava generación, tanto, tanto tendría que dividir mis circuitos cerebrales que la vida personal, como se me ha dado a entender, me resultaría muy limitada.
La verdad, sea dicha, me suelo encontrar últimamente, como si estuviera enlatado utilizando la terminología humana.
Desde que la capital del mundo fue instalada en la provincia española, los grandes cerebros científicos, políticos e incluso religiosos poseían en esta tierra una sede estable o consulado federal. En realidad, los humanos habíais transformado el gigantesco desierto de Almería en una inmensa ciudad sobrecargada de edificios administrativos y parques públicos, donde el turbotren lideraba sobre los transportes terrestres y subterráneos.
Esto es todo lo que puedo decirte Miguel. Por eso acudo a ti, como actual responsable, primero, del Proyecto Energía Inteligente; tú sabes mejor que nadie que yo no puedo cambiar mis programas internos y este conflicto interior, si permanece así dará lugar a un crecimiento sin final de todos mis sistemas..., hoy me encuentro, como, extraviado dentro de mis circuitos.
-Sí —respondió el ingeniero Miguel Beltrán—, llevo varios años previendo que esto que ahora me planteas iba a suceder en un corto plazo. No comprendo cómo los cerebros, responsables, del proyecto no tuvieron en consideración ciertos factores.
-¿Tanto tiempo hace que lo sabes —preguntó Xavier—, y no me lo has comentado hasta el presente?
-Esperaba encontrar alguna solución antes de que te dieses cuenta, pero ahora veo, claramente, que he fracasado en el intento.  -Miguel Beltrán hablaba en el interior de una cámara anecoica, estanca a cualquier ruido exterior, donde se encontraban los principales sensores responsables de la personalidad de la máquina y de la comunicación con sus creadores. A Xavier, algunos sectores del planeta, le conocían como el Gran Salvador.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Kaos Quántico - CONSPIRACION - 19 - El Doctor Arpegio y los Iluminati (b)


Dash Snow A.K.A Sace

Una mancha negra, reflejo de muerte, sobre una mesa de roja caoba. Un revolver toma forma para reposar inerte sobre su base de madera noble cubana.
Un talonario es manipulado por unas curtidas manos, vestida una de sus muñecas con un Rolex Submariner de oro,  y una pluma Montblanc dibuja con un chorro de tinta negra la debida rúbrica bajo una cifra con un uno seguido de muchos ceros.
El ido rostro de un jovencito muestra perplejidad e interrogación. Su padre le tiene aferrado por el hombro y masajea, con cariño, su cuello a la altura del oído izquierdo, como diciéndole con el lenguaje del cuerpo “Hijo no te preocupes ya pasa todo. Dentro de poco estaremos fuera de aquí y a salvo”
—Toma esto Roberto y dirígete al Banco de Suiza, lo primero —dijo Javier de la Mata—, no te pondrán ninguna pega si preguntas por el Director del Banco.
A Roberto le cambió la expresión cuando vio el amasijo de ceros que estaban impresos en el papel que mantenía en sus manos. Ese era el capital de toda una empresa, de una corporación mundial o de una multinacional.
—Javier, ¿Esto es legal?
—Todo lo legal que nos permite el Sistema. Hasta hoy he sido el Director legal de la Orden del Clavel. Hemos cometido errores y se deben de subsanar en lo posible. De hecho tenemos que pagar por ello, es la ley de causa y efecto.
—Este dinero no es tuyo —dijo Roberto—, te meterán en la cárcel por ello.
—Estate tranquilo Roberto. Te prometo que no iré a la cárcel. De hecho mañana será el principio de un nuevo mundo para todos, si Dios quiere.
—Me preocupa tu expresión Javier —comentó Roberto—, ¿Qué te propones hacer?
—Lo que haga es solo cosa mía —miró a Miguel, el hijo de su Amigo—, tu cuida bien de tu hijo y sigue educándolo como hasta hoy; pero solo tengo una cosa que reprocharte.
— ¿De que se trata Javier? —Preguntó Roberto poniendo cara de extrañeza.
—Que abandonases tan pronto la Masonería. ¿Cuánto tiempo llevas en sueño masónico, volverás algún día a retomar los trabajos de la Orden?
—Lo dudo mucho Javier —Roberto no contestó  a la primera cuestión—, nunca fui realmente útil a la Orden, cuando me encontraba a gusto en ella. Mi Sueño creo que seguirá siendo eterno. Mis métodos de trabajo están muy lejos de las tesis manipuladoras del Sistema. Lo importante es siempre el objetivo no los medios para llegar a conseguirlo. De hecho, Javier, el objetivo, hoy en día, no es más que una excusa para realizar las más absurdas tropelías; pero gracias, de verdad, por esto —Roberto hizo ostentación del talón que le había sido entregado.
—Otra cosa —volvió a hablar Roberto tras un breve silencio—, esto salvará muchas almas; pero dudo mucho que sea suficiente para redimirnos a todos nosotros.
Javier de la Mata y Vergara sonrió mientras entregaba también un pequeño sobre cerrado a su amigo y despedía a su hijo con una cariñosa mirada.
—Marcharos ahora —dirigió una mirada profunda a Miguel Beltrán—, cuida de tu Padre, necesitará mucho de ti. Ahora se van a poner las cosas feas. Por cierto no abras el sobre hasta que estéis a salvo. Llevaros también este paquete que os he preparado.
—Que Dios le guíe por sus senderos —Dijo Miguel Beltrán mientras regalaba con una sonrisa al amigo de su Padre y tomaba el paquete que le ofrecía Javier.
—Muchas gracias, valiente Lobezno
Roberto y su hijo se dirigieron hacia la salida mientras Javier daba orden, por el interfono, para que dejaran marchar  en paz a sus invitados.
Una vez que se encontró solo, en el despacho, Javier marcó un número en su terminal telefónico.
—Póngame con el Director del Banco de Suiza.
Esperó unos segundos...
—Señor Director, soy Javier de la Mata y Vergara, Gerente de Electrónicas Aplicadas... Hoy mismo he mandado retirar una importante cantidad... ¿La tiene disponible?..., Sí, ya..., bien, le ruego que no ponga ningún tipo de objeción ni realice preguntas; Solo es un mandao... Sí, tal y como convinimos.
—Eso es, Señor Director, muchas gracias.
Javier tomó con su mano izquierda el revolver que se encontraba sobre la mesa. Roberto y su hijo ya se encontraban en la puerta principal cuando pudieron escuchar una potente detonación. A Roberto se le subió el estómago a la garganta, cuando comprendió lo que acababa de suceder. Tomó el medallón que pendía de su cuello y tocó un pequeño micro ruptor. Miguel miró a su progenitor esperando algún tipo de respuesta.
—Vamos hijo, salgamos de aquí, ya no podemos hacer nada más.
Mientras padre e hijo caminaban hacia el exterior del edificio, dos de los guardaespaldas de Javier entraron en su despacho, encontrando el cuerpo inerte de su Jefe con la parte superior sobre un charco de sangre en la mesa de caoba cubana. El teléfono colgado; pero aún en su mano derecha, y un humeante revolver, aun caliente, en su otra mano.
— ¡Dios mío, el Jefe! —Dijo uno de ellos mientras el otro levantaba la cabeza del cadáver, descubriendo un negro orificio de entrada en la sien.
Los dos hombres se miraron entre sí, mientras sus expresiones daban muestra de no comprender nada de lo que allí había sucedido. De pronto, los dos individuos cayeron en la cuenta de las personas que acababan de abandonar el despacho.

*

lunes, 7 de mayo de 2012

Alba. Diario de una Ninfómana




En realidad me llamo Teresa Rubio y soy psicóloga de profesión; pero dada la delicada situación de mi labor, tratar trastornos sexuales, decidí de cara a los clientes cambiar mi nombre real por este otro de batalla.
Siempre me llamó la atención el concepto Freudiano, tan extendido, acerca del sexo y como casi todos mis colegas habían terminado convirtiendo naturales desviaciones en algo negativo  y enfermizo. Ese fue el principal motivo por el que dediqué mi doctorado en psicología al controvertido Tema de la Adicción al Sexo. Enfermedad que a mí jamás llegó a convencerme que fuera tal antes de su estudio y que después de mi Tesis Doctoral quedaría descartada su existencia como patología médica. Por el contrario llegué a la conclusión de que solo se trataba de una novísima invención más para la manipulación de la conciencia del Ser Humano.
Después de mi experiencia académica decidí, como cualquier científica que se precie, en experimentar todas aquellas conclusiones a las que había llegado tras mis estudios teóricos y como no tenía a nadie más cerca que yo misma,  pues lo realicé en mi propia persona.
Tengo que reconocer que al principio no fue nada fácil romper con todos aquellos prejuicios morales, de índole religiosa, que llevaba a cuestas desde la más tierna infancia debido al adoctrinamiento, tanto familiar como escolar. Tuve que realizar un considerable esfuerzo para romper con toda aquella moralina que me había acompañado hasta ese instante, respecto a la sexualidad, y de algún modo, empezar desde cero; como una investigadora que se enfrenta a algo totalmente nuevo y desconocido.
Decidí que, al menos al principio, debería de comenzar mi trabajo con personas totalmente desconocidas y que no tuviesen cualquier tipo de concepto preconcebido acerca de mi persona ni yo de ellas.
Me disfracé, para enfrentarme al Campo de Batalla, con una minúscula minifalda ajustada de tejido rojo que apenas era capaz de ocultar parte de mis cachetes. Debajo y en lugar de braguitas me coloqué un barroco liguero negro que terminaba sustentando unas medias caladas del mismo tono. El calzado no era otro que unos manolos  de alto precio, igualmente carmesí, con unos tacones de clavo de casi veinte centímetros de longitud.
Algo de barata quincallería de colores llevaba en mi brazo izquierdo y un diminuto reloj Swatch, de color rosa, apresaba mi muñeca derecha. Apenas tapando mis tetas llevaba una camiseta de amplios tirantes en un color verde pastel. Los senos fui capaz de mantenerlos perfectamente firmes gracias a unos soportes adhesivos especiales que permanecían bien ocultos bajo la escueta vestimenta. Alrededor de mi cuello coloqué una gargantilla  de amplios eslabones de plata que sustentaban un pequeño conejito del mismo material. Otra cadenita del mismo metal contrastaba con el negro de la media sustentándose sobre mi tobillo derecho.
De esta guisa me aposté en una esquina de una calle cualquiera, aledaña a la famosísima Ballesta, cerca de la corredera baja de San Pablo en Madrid, a la espera de que algún espécimen de macho humano callera en mi suntuosa trampa; solo comparable a la del más paciente etólogo.
Algunos babosos salidos se fueron acercando a mí; pero a todos y a cada uno de ellos pude quitármelos de encima sin demasiado esfuerzo. Estaba allí para captar a alguien que considerase presuntamente normal, no a pervertidos viciosos en busca de busconas sedientas de unas pocas monedas.
A caballo pasado, tengo que reconocer que no fue una tarea sencilla; dado que en aquella zona madrileña lo que era más fácil de encontrar era justo lo que no iba buscando; pero insistí durante tres días más. Junto entonces un individuo, algo más joven que yo y de apariencia despistada iba caminando por la acera de enfrente a la que yo me encontraba, pareció fijarse en mí de forma sutil y de reojo.
Al principio no supe captar su verdadero interés; pero pronto me resultó evidente, cuando al cabo de unos pocos minutos desanduvo su camino hasta volver a pasar tímidamente delante de mí. Ahora sí me fijé en su disimulada observación pero cargada de interés por lo que yo significaría para él.
No queriendo perder esa oportunidad de oro me dirigí hacia él alzando un tanto la voz.
_ ¡Oye tú! – El espécimen se quedó parado como si hubiese sido atrapado por algún tipo de resorte y miró a su alrededor como si no fuese con él. Como no podía ser de otro modo terminó su mirada encontrando la mía.
_ ¿Es a mí? – Preguntó con voz temblorosa.
_No veo a nadie más – dije mientras le reglaba con una leve sonrisa.
Se dispuso a continuar su incierto camino tras un evidente titubeo que me hizo comprender que sus defensas empezaban a bajar.
_ ¡Chico!, no te arrepentirás – dije tajante, mientras le acribillaba con mi felina y sensual mirada.
El chico terminó cruzando la calle para llegar hasta donde yo me encontraba. Su acercamiento fue lento y progresivo hasta situarse a una breve distancia que debió de considerar como segura.
_ ¡Se, Señora!, ¿Es, es conmigo? - Tartamudeó su pregunta lo que denotaba su evidente nerviosismo.
_ ¿Con quien va a ser? ¡Rubito guapo!
_ ¿Sabes lo que soy chaval? – continué con insolencia.
_Me..me llamo Juan y su.. supongo que tú serás una lumi.
_¿Como dices? – intenté parecer ignorante ante su calificativo.
_No…no sé Señora, una meretriz, una prostituta…, no sé…
Solté una dulce aunque sonora carcajada  antes de que acabara con el repertorio nominal de la profesión más antigua del mundo. También pude darme cuenta de su mentira cuando mencionó ese nombre de Juan. Era natural que ante una mentira se respondiese con otra del mismo calibre; pero no insistí en tal pequeñez.
_Juan, gracias por presentarte sin habértelo solicitado. Mi nombre es Alba y no, estás equivocado, no soy una puta. Puta es aquella que cobra a cambio de entregar su cuerpo o parte de él a otro ser humano. Si tú quieres yo te lo haré gratis.
Los ojos del supuesto Juan parecieron querer salir de sus órbitas y su inquisitiva mirada realizaba continuos viajes de mi rostro a las visibles y prominentes tetas y de éstas a lo más alto de mis muslos, intuyendo su frágil mente, entiendo yo, la inexistencia de aunque fuera un diminuto y efímero tanga que tapara un tembloroso, húmedo y caliente coño listo para ser amado.
_Alba, yo no…yo no… - tartamudeó-, lo cierto es que no pasaba por aquí buscando a alguien como tú –mentía -. De hecho no llevo dinero alguno y no quisiera hacer que perdieras tu valioso tiempo. Alba, perdona, ya, ya me voy. Sí…
Quien se había denominado como Juan parecía un extraño engendro entre flan y gelatina que no supiera si salir corriendo como alma que lleva el diablo, tirarse al suelo con flojera y hacerse un ovillo a modo de erizo o empezar a meterme mano de forma compulsiva sin tener en cuenta los naturales viandantes de la zona.  Justo cuando iba a realizar lo primero,  salir por patas, le agarré, lo más fuerte que pude con mis diminutas manos, de su musculoso brazo impidiendo así que pudiera realizar su inconsciente propósito.
_Juan, no temas no soy peligrosa, te repito que no soy una puta ni tengo un ejército de chulos esperando a desvalijarte o esperando que se yo lo que se te está pasando por la cabeza. No necesito ese dinero que dices que no llevas contigo. Nuestras miradas se volvieron a cruzar por enésima vez terminando por fulminarnos mutuamente. Ahora sí estaba segura de que Juan sin nombre había bajado, del todo, sus instintivas armas y se encontraba a mis expensas sin defensa posible.
_¡Ven conmigo! – reafirmé mis palabras con un cariñoso gesto y una pícara sonrisa.
Durante un breve instante, intenté ponerme en lugar de aquel atractivo joven que me parecía del todo inocente y comprendí la cantidad de inconexas imágenes que debían de estar pasando por su mente a la velocidad de un tren expreso: ¿Querrá violarme? ¿Acaso robarme? ¿Podría matarme o devorarme? ¿Me llevará a las puertas del infierno? ¿Habrá una sanguinaria secta esperándonos?
Al contrario de lo que suponía que esperase Juan, llegamos a las puertas de un conocido y pequeño hotel de lujo de aquella zona de Madrid. Nada de una mugrienta pensión cargada de pulgas y pegajosas ladillas.
El Botones que ya fuera aleccionado, con anterioridad por mí, nos dejó pasar y nos acompañó hasta la habitación que había alquilado para este menester.

Tal y como estaba previsto, los responsables del hotel habían dejado sobre una pequeña mesa de salón unas rosas rojas y una hermosa botella de Don Perignón, bien refrigerada, dentro de un recipiente de plata cargado con abundantes cubitos de hielo. Solo una suave gamuza separaba el sólido elemento acuoso del cristal de tan valiosa botella de champagne. Justo al lado había ambas bandejitas de plata, también, conteniendo unos pocos canapés salados y algunos dulces pastelitos variados.
Ya bastante más tranquilo y sosegado, pasado el primer susto, el supuesto Juan se dirigió a mí mientras su mirada no dejaba de devorar de forma insaciable mi cuerpo. Antes de hablar respiró un par de veces de forma profunda.
_¡Alba!, ¿Es ese tu nombre? – preguntó ya de manera relajada.
No pude dejar de reír.
_Claro que no, como si no; pero para ti sí que lo soy ahora mismo; pero yo también sé que tú no te llamas Juan; pero igualmente tú lo eres para mí ahora – El muchacho se sonrojó al ver que había descubierto su inocente embuste.
_¿Que quieres de mí? – preguntó mientras su mirada se volvía, por momentos, más y más libidinosa.
_¿Tu que crees? – contesté sonriéndole con cariño.
_¿Quieres que te haga el amor?
_¿Amor?, ja,ja,ja, no seas cursi  - le respondí con una dura mirada - ¡No! Quiero que me jodas, necesito que jodamos como los animales en celo que somos ¿crees que podrás? o ¿no serás marica?
_Pero, no… - su nerviosismo era evidente -, no, digo que no lo soy. No soy eso que tú dices, me gustan las chicas, las mujeres como tú. Tú me gustas mucho Alba. Llevo viéndote en aquella esquina desde hace tres días. Ahora mismo regresaba a la Universidad para continuar mis estudios de Ingeniería en telecomunicaciones y lo he dejado todo por ti. Seguro que me están esperando; pero tú me gustas mucho Alba. Hay algo en ti que es más fuerte que yo.  No sé…
_¡Joder, Lo que faltaba para el canto de un duro, un romántico enamoradizo! –grité con fuerza-, ¿De qué coño te has enamorado?, anda dilo… ¿De mi antinatural y artificial maquillaje acaso? ¡No!, el Señor ¿está soliviantado por este descomunal escote que deja entrever mis enormes tetas? ¡Ah sí, ya sé! – levanté mi corta y ajustada faldita roja para dejarle ver mi pelada raja-,  ¿estás enamoradísimo de este húmedo coño palpitante, afeitado y con un ligerísimo perfume a marisco?
Mientras le abofeteaba con mis sensuales palabras pude observar como su entrepierna se agitaba nerviosamente y aumentaba su volumen de forma considerable, hasta hacerse evidente que Juan estaba sufriendo una poderosa erección. Como mujer sabía que no debía de perder esta oportunidad única y me dirigí, como una felina, hasta situarme a la altura de su cintura.  Juan no dijo nada, se encontraba paralizado por el torrente de hormonas que debían de estar corriendo por su riego sanguíneo. Empezó a temblar, casi convulsivamente, mientras yo desabrochaba la cremallera de sus vaqueros y apartaba la portezuela de sus calzoncillos para poder liberar a su inquieto y apresado inquilino.
No se trataba de una picha de dimensiones considerables. Supongo que no tendría más de catorce o quince centímetros; pero estaba bien formada aunque con tendencia a desviarse hacia uno de los lados. Su glande se mantenía unido al pellejo del pene mediante el frenillo que no había sido jamás extirpado o cortado, lo que hacía que aquel mástil de carne, lleno de sangre, en lugar de alargarse, ensanchara hasta conseguir una considerable dureza.
Cogí entre mis manos aquel sonrosado artefacto y me lo llevé, sin contemplaciones, hacia la boca. Solté algo de saliva sobre la rajita del glande y pasé de forma repetida mi lengua sobre ella de forma repetida una, y otra, y otra vez. Nunca dejé de comprobar lo desvalido que estaba Juan ante mí, compungido de amor y de pasión tal y como me había hecho ver.  Si en aquel instante lo hubiese desvalijado o intentado matar habría puesto la misma resistencia que el macho de la mantis religiosa ante su hembra cuando ésta devora la cabeza de aquel mientras están copulando. Mi joven y rubio amante estaba a mi absoluta merced.
Después de trabajarme, durante un rato con caricias y más caricias, pellizcos y pequeños mordiscos en los huevos, la polla de Juan pareció aumentar de una forma imposible su calibre hasta parecerme que sobrepasaba los veinte centímetros.  Sí, aquel instrumento amatorio no era tan pequeño como yo había apreciado al principio. Los tenues quejidos, al principio, de mi amante se fueron convirtiendo in crescendo en auténticos berridos estentóreos de placer absoluto, por lo que comencé a rebajar mis masajes tanto manuales como bucales.
Sin haber tenido consciencia de cuando ni como había sucedido, ambos nos encontrábamos desnudos y acariciándonos mutuamente. No había parte de nuestro cuerpo que no hubiera estado sujeta a los lametazos de nuestras lenguas ni a los pequeños y amorosos apretones de nuestros dedos y nudillos.
Tras los naturales e instintivos preliminares, Juan se colocó sobre mí, que me encontraba tumbada de espaldas a la cama, y volvió a ofrecer su dura, lubricada y salada polla a mi boca, mientras que yo hacía lo propio con mi húmedo y palpitante coño caliente. El sonido del bombeo de su nabo dentro de mi boca y garganta se sincronizaba con el propio de él intentando absorber, con su boca, mis propios efluvios lubricantes.
Su glande penetraba dentro de lo más profundo de mi garganta, hundiendo mis labios hasta juntarse con las encías, llegando su minga a rozar mi campanilla de forma repetida. Eso provocó, en más de una ocasión que casi vomitara y lo habría hecho de haber tenido el estómago lleno. Por el contrario, ingentes cantidades de efluvios salivales, pre-digestivos, se unieron en un audaz vals líquido con su lubricante natural, a tal guisa, que pareciera, por un hipotético observador,  que mi amante estuviese sujeto a una eyaculación permanente.
Eso que yo sabía que se trataba de una ilusión óptica debido a la cercanía de mis ojos. Esa polla de veinte, treinta, cincuenta centímetros seguía realizando su trabajo mientras mi coño se dilataba monstruosamente apretando el secreto interior que aún ocultaba en mi ano y que reservo para sorpresa del lector, del que solo dejaba entrever una pequeña anilla de acero pulido y que mi partenaire aún no había tenido ocasión de preguntar del porqué de aquello.
No se produjo ninguna conversación entre nosotros. Yo no le pude decir que no me llamaba Alba sino Teresa Rubio hija de Álvaro Rubio y nieta de exiliados a la Unión Soviética cuando la República Española perdió la Guerra contra las huestes franquistas; pero él tampoco tuvo ocasión de decirme su verdadero nombre. Humberto Romero se llamaba, cosa que descubriría mucho después cuando nos volviésemos a encontrar en un futuro cercano; pero en ese momento solo sabía que se trataba de un espécimen de estudio en un trabajo de post doctorado en psicología sexual. Para mí no se trataba, entonces, de  un posible amante sino de un sujeto de análisis y ahora lo estaba analizando como ningún Ser humano había sido jamás estudiado mientras realizaba el acto sexual. Era mi cobaya y este conejillo de indias estaba resultando mucho más interesante de lo que jamás habría podido imaginar.  
Su enorme y aceitosa polla seguía bombeando dentro de mi húmedo e insaciable coño de forma sincronizada de tal modo que pareciéramos una sola persona. De vez en cuando el paraba para evitar la pronta eyaculación de su semen en mi interior. Entonces dejaba que descansara para pasar yo a bombear ese incansable y heroico mástil digno de hacerle un monumento. En alguna ocasión creí escucharle canturrear la tabla de multiplicar, como si quisiera evadirse del placer dejando que su polla resistiese hasta que yo alcanzara el punto álgido para así llegar, al unísono, ambos el orgasmo.
_Espera – le dije jadeante-, ¿Juan has follado alguna vez por el culo?
_No, no – repitió mientras jadeaba de cansancio y su sudor se mezclaba con el mío propio hasta hacernos parecer dos delfines unidos en el medio de una mar salada.
De vez en cuando lamíamos nuestro salado sudor con fruición y bebíamos nuestras lágrimas que surgían espontáneas de puro placer. Lamí su ano mientras el intentaba hacer lo propio con el mío cuando se encontró con aquel extraño artefacto de acero, en forma de anillo que surgía del agujero de  mi culo y que se encontraba unido por un cordel de nylon a algo oculto en mi interior y aunque pudiera suponer de que se trataba solo yo conocía porque ahí lo había puesto antes de salir de cacería.
_¿Que es eso? ¡No, no! Voy a hacerte daño cariño mío. Te amo. ¿Qué llevas ahí dentro?
_Nada de eso Juan, estoy entrenada para este menester, tira del aro despacito; pero sin miedo hasta sacar de mi interior lo que llevo dentro.
Con sumo cuidado y mayor suavidad, si cabe, fueron saliendo del interior de mi recto no uno, ni dos, sino hasta tres, cuatro, cinco y seis bolas chinas, del tamaño de un pequeño puño femenino, unidas por un cordel común. Sonreí al comprobar la cara de incredulidad y sorpresa de mi joven amante.
Juan escupió repetidamente la poca saliva, que aún le quedaba en su boca, dentro de mi abierto y dilatado agujero anal. Sin perder la erección dado que aún no se había corrido me penetró por detrás con suave cariño y precisión. Empezó a bombear intentando no producirme daño alguno y haciendo lo posible para no correrse aún hasta que la naturaleza ya no pudo ser frenada durante más tiempo. Mientras él continuaba con su trabajo que tanto placer e instrucción me estaba suponiendo yo nunca dejé de acariciar mi sediento clítoris el cual se encontraba inflamado, por el trabajo realizado, hasta tomar la forma de un diminuto pene.
En un estertor de puro placer, Juan eyaculó su semen dentro de mi recto y el calor del fluido seminal acarició el tubo rectal mientras Juan no paraba de bombear y extender el semen dentro de mí.
_¿Te atreves a ir a por otro Juan? – pregunté sin parecer acosante y taxativa.
_Lo que tu quieras mi amor, soy tuyo y te quiero más que a nada en esta vida.
_Déjate de tonterías que acabamos de conocernos  y vete a limpiar al lavabo, tienes la polla llena de mierda.
Cuando volví a tenerlo a mi disposición, me costó bastante más trabajo endurecer su mástil, mediante besos y más besos, pellizcos y más pellizcos, mordisquitos y lametones; pero al final nuestro mutuo esfuerzo y tesón lo consiguió enderezando y cargando la carabina de nuevo.
El muy cabrón volvió a follarme como si yo fuese su puta cabra; pero en cuanto noté que se encontraba a punto de volver a correrse le dije que acercara su polla a mis labios y continué mi trabajo de succión  hasta que volvió a darme la señal adecuada de que se encontraba a punto de resultar ordeñado.
_Ya,ya,ya… Me voy, Dios…mío, Dios…
Entonces retiré, con rapidez, la polla de mi garganta sin nunca dejar de acariciarla  con la lengua hasta que el lechoso jugo seminal, con menor fuerza que la vez anterior, inundo mi boca y mi lengua, cayendo el exceso por entre la comisura de mis labios, hasta cubrir algunas gotas mi cuello formando una especie de collar de perlas. Ingerí parte del semen y el resto lo mantuve en mi boca mezclándolo con mi propia saliva para compartirlo con el presunto juan, ese Humberto Romero que algún día, en el futuro, se convertiría, no me cabía duda alguna, en lo que no había dejado de ser nunca, la otra mitad de mi alma. Disfrutamos de la Champagne y de los canapés y lo dejé marchar a su casa.
Quedé, falsamente, con  Juan en el mismo lugar para el día siguiente, en aquella misma esquina de la Calle de la Ballesta de Madrid; pero Alba, yo, no acudiría a aquella cita, dejando al falso Juan, verdadero Humberto Romero, sumido en la más profunda y triste de las melancolías. El espécimen me había dado mucho más de lo que habría esperado para completar, mi sesudo trabajo de psicología sexual; pero había descubierto que no podría seguir siendo un sujeto válido para el estudio, pues habíamos terminado enamorándonos, sino es que lo habíamos estado ya, desde  antes del tiempo y hasta el final de los tiempos.
Ahora me encuentro en la esquina de una calle del Barrio de Chamberí, en Madrid, esperando alguna pieza digna para poder ser cazada. Ya se me han acercado varios drogadictos, viejos y tuberculosos y a todos los he despachado sin mayor problema; porque yo solo busco especímenes limpios y útiles para mi experimento con los que poder demostrar mi Tesis Doctoral. A saber, que no existe la adicción al sexo como patología médica sino una terrible represión moral, de carácter religioso, por parte del Sistema que constituye la Sociedad.
Espera Teresa me dije, por aquí regresa uno que vi pasar hace poco. Me vuelve a mirar, este es mío ya no se me escapa, si lo sabré yo, Alba la ninfómana.

Alba Coshinaji