Si quieres recibir algún número del fanzine, para ti o para distribuir, nos los puedes solicitar por correo electrónico en:

suburbiosdelarazon@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Adolfo Puerta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gustavo Adolfo Puerta. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de julio de 2012

Vivencias y correrías de un joven pellejo - 2


Margaret Durow


Cuando buscaba la excusa para evadirse del paraíso de baco, entrando en dicotomías cuasi-enfermizas, ocurrió algo inesperado, sintió un irremediable deseo de escribir, de expresar en papel lo que su mundo interno le demandaba, poner bocabajo una asociación de fenómenos poco ortodoxos que trataban de aflorar, de formar parte del mundo cotidiano, de pasar en cierto modo a la inmortalidad.
Debido a la época del año en el que se encontraban, a las 7 horas y 30 minutos todavía el sol iluminaba el certero paisaje, jugando coquetamente con sus incandescentes rayos de sol, quizás el calor abundaba en sobremanera, por lo que nuestro joven protagonista decidió sentarse al pie de un robusto roble que allí se hallaba, notando como la luz solar luchaba por hacerse hueco entre el abundante ramaje, forrado de verdes hojas que hacían de muro translúcido, permitiendo una perfecta visión y a la vez protegía de las malas artes del astro rey.

El  “chasis” sacó su vieja libreta roja, de dimensiones reducidas y habilitada por sus espirales anillas, y se dispuso a escribir, a dejar que sus sentimientos le dictaran las palabras que manifestaran los fantasmas  que tomaban su interior como permanente domicilio, como inquilinos ruidosos que jugueteaban en su pecho, pero realmente él se sentía bien, era una fase mala pero sentía que lo iba a superar porque llevaba aparejada un vigor extraordinario en sus emociones, la aflicción había huido a mundos paralelos e irreconciliables que el notaba que nunca iba a explorar, el afecto, la compasión, la cordialidad, la ternura, el amor, la piedad, la alegría y la pasión eran ahora sus compañeros de viaje.
A escasos trescientos metros estaban el “águila”, que era llamado así por la prominente nariz curva de la cual hacia gala, que permitía realizar con su forma el símil del comentado rapaz, con su inseparable amigo el “pincho”  mote relacionado con su peinado, los cuales habían decidido mostrar su desprecio por la actitud del aficionado escritor:
¡Valiente gilipollas¡ ya está de nuevo tratando de llamar la atención, separándose de nosotros y haciéndose el intelectual …… si no sabe hacer la “o” con un canuto – se reía el “águila”.
Menudo “pringao”, mírale, ¡si sólo le falta fumar en pipa y un bastón con empuñadura de hierro para ser un “bohemio escritor”! – argumentaba su compañero
Y luego vendrá diciendo que el arte le corre por las venas…. Decía el primero.
Lo que le corre por las venas es el alcohol…. ¡ja, ja, ja! – ironizaba el “pincho”.
Estas dos personas eran amigos desde la infancia, se habían jurado fidelidad eterna y atentaban personalmente a todo aquel cuya personalidad emergente pudiese dañar su ya de por sí denigrada autoestima. Ambos procedían de un nivel socioeconómico alto, gustaban de vestir ropas de marca y cuidar su cuerpo con largas horas de gimnasio e innumerables cremas de cara, cuerpo, pelo……etc. Sin embargo aún no habían encontrado el elixir apropiado para su alma, revelaban en su carácter una amargura interna que les hacía ser promiscuos en su crítica hacia los demás, depositaban todas sus energías en las circunstancias superficiales de las personas, aunque, eso sí, de cara al público sugerían que la verdadera importancia del ser humano habita en su interior y en la personalidad de cada uno, doctrina que estaba monopolizada por la hipocresía y la falsedad.
La volubilidad de sus opiniones venía dada por su falta de seguridad, capaces de defender con uñas y dientes una postura determinada y, pasadas escasas horas y ante las mismas personas con las que habían mantenido dicha conversación, hacer valer una opinión antagónica. Dicha actitud no estaba avalada por la capacidad de escucha y los argumentos constructivos, sino que estaba erigida por la falta de convicción y la búsqueda del viento más favorable.
El “chasis” había terminado de crear un poema que había dejado a medias, cuya no culminación le producía gran angustia, pues era de esas personas que si empiezan algo no paran hasta su total consecución, eso sí, no podía finalizarse de cualquier manera, su marcado carácter perfeccionista le empujaba a hacerlo con la mayor profesionalidad posible, sin escatimar en esfuerzos y dejándose la piel en cada proyecto en el que se embarcaba. En este caso el poema trataba de explicar como se sentía en ese momento, embarcado en una nueva fase de su vida, que no tenía nada que ver con ningún ciclo vital importante como estudian los psicólogos, sino más en un nuevo período de madurez que no coincidía con ningún estado excepcional de su vida, pero que el mismo sentía como distinto. El poema que apilaba, aglomeraba y atesoraba tales circunstancias y razones, y cuya composición la había madurado nuestro protagonista durante un tiempo que a él mismo le pareció excesivo, rezaba así:

LO QUE ESTÁ OCURRIENDO

En las esferas del grito malicioso
Donde se ahonda el vicio lascivo
Se puede escuchar el más tierno sollozo
Que termina diluyéndose mientras escribo
Palabras, que no se agotan en su esencia
Palabras, que subsisten sin tu presencia
Palabras, que no se encarcelan en la decencia
Palabras, que fueron vomitadas por la ciencia.

Ahora me es esquivo el recuerdo
Miro con recelo el nido de mi ayer
Sobrevuelo mil paisajes como un cuervo
Que se desliza en el aire para volver a nacer,
Que extiende sus negras plumas para no dejar de crecer,
Buscando la felicidad en un exacerbado placer,
Placer sin límites, placer por hacer,
Placer desaforado
Placer no domesticado
Placer salvaje
Placer con homenaje.

He podido volver a dormir en lujosos paraísos
Abrazado fuertemente a la música delicada de las arpas
Inhalando el perfume de rosas y narcisos
Donde no molestan sirenas ni alarmas
Donde los textos no son breves ni concisos
Donde es siempre nítido y limpio mi karma
Tocando suavemente campos blandos y lisos
Deslizándome en blancas nubes que eran mi cama
Brincando, viviendo, soñando…..
Bailando, jugando y sonriendo……

Navegué con el espeso incienso envolviendo
El ambiente naranja y las estrellas sonrientes
El agua cristalina permitía ir descubriendo
Los fondos etéreos y los corales vivientes
Los seres libres, felices, abriendo
Sonrisas y alegrías que todavía son recientes.

miércoles, 20 de junio de 2012

Vivencias y correrías de un joven pellejo - 1



Era un día soleado, las nubes, aisladas unas de otras, dibujaban formas sencillas cuyos contornos se difuminaban con la maravillosa claridad del cielo azul. A pesar de estar inmersos en pleno verano, el día parecía sacado del ideal de primavera que todos tenemos en nuestra cabeza, incluso en nuestro corazón. Así también se mostraban los sentimientos de  “el chasis”, éste seudónimo  le venía dado  por la extrema delgadez de su constitución física, pese a ello, poseía una inusitada fuerza, la cual emergía como desencadenante de su marcado nerviosismo, la estructura de su cuerpo podría calificarse de fibrosa, los músculos, sin ser en ningún momento voluminosos, se marcaban detallada y escrupulosamente, de tal forma que podría estudiarse  en él la anatomía humana perfectamente, sin necesidad alguna de cualquier tipo de disección.

Aquel día estaba decidido a poner los puntos sobre las íes, se dirigía a la “fiesta-barbacoa” que se organizaba en un entorno paradisíaco de la sierra norte de la Comunidad de Madrid. Allí se encontraban todos sus ex–compañeros de facultad, una fauna heterogénea así como extraordinariamente compleja. Como ocurre en cada uno de los grupos sociales a los cuáles cada uno de nosotros pertenecemos, se puede clasificar en subgrupos a los cuáles podríamos denominar como  “amigos”, “enemigos”, “personas de poco contacto”, “rolletes” y por supuesto, no podría faltar “el amor de su vida”.

Habían quedado a las 8 de la mañana para ocupar prefabricados de barbacoas y organizar todo el entramado que conllevaría el desarrollo de aquella reunión lúdico-festiva, que, a saber, constaría de una desorbitada “comilona”, más propia de seres carnívoros debida a la excesiva sobredotación de provisiones cárnicas enfatizado por la total ausencia de otro tipo de comestibles, a excepción de la amplia gama que ofrecía la marca matutano. Dichas provisiones serían bañadas por lo que en aquellos círculos se denominaba “zumo de cebada”, la única marca aceptada era mahou, a la cual cada uno de ellos veneraba como si de un fastuoso dios propio de religiones ancestrales se tratara. Aunque la mayoría se hacía eco de una marcada postura “pro-sedentaria”, no podía faltar la fiesta balompédica por excelencia, donde habitualmente los sujetos masculinos mostraban al mundo su inusitada falta de coordinación visomotora, visoespacial, etc, más propia de un partido de fútbol a favor de la droga  que de una pachanguita entre muchachos que aún se hallaban en una prometedora edad….

Por supuesto, aunque la mayoría había formado parte en alguna organización a favor de la lucha contra cualquier tipo de drogadicción, el hachís iba a ser el condimento más  utilizado para “sazonar” la mencionada barbacoa, y en menor medida, los autodenominados “verdaderos experimentadores de la vida” regarían sus sueños con mitsubishis y farlopa en cantidades más cercanas al infinito que a la auténtica moderación.

Pero todos sabían que “el chasis” iba a llegar tarde, como así fue, cuatro horas después hacía acto de presencia en su destartalado SEAT panda, de color rojo, y cuya apariencia automovilística parecía ahondar por momentos en el averno más execrable que uno pudiera imaginar. Con su tez morena bañada por un tibio sudor, “el chasis” caminaba lentamente hacia lo que parecía ser una algarabía de ruidos, voces, improperios e injurias enemigas del hieratismo más absoluto. Al acercarse primeramente divisó al ser que más le había ayudado, acompañado, comprendido y adoctrinado en la vida, era “ el efímero”, tal apodo respondía a la incapacidad que tenía el resto de seres humanos en seguir su conversación cuando ésta se tornaba en trascendental , sólo capaces de entenderle durante unos escasos momentos. Se lo encontró apoyado en un árbol, con su atrayente sonrisa irónica, ejerciendo  ésta de infalible juez, (el chasis sabía que cuando se la dedicaba a él rezumaba alegría, sinceridad y honestidad), primero estrecharon firmemente sus manos y posteriormente estrecharon sus pechos uno contra el otro en forma de amistoso y cariñoso abrazo. Pasaron rápidamente del hola y del tema laboral a otros argumentos que rayaban la abstracción más etérea posible. Este tipo de conversaciones solían caracterizarse por la agudeza de su contenido, la  prodigiosa heterogeneidad  de los temas, la inexistencia de fronteras entre los mismos, (más bien se difuminaban unos con otros) y la rauda y velocísima respuesta con la que abrazaban las pertinaces interrogantes del otro. Solía ocurrir que éste tipo de situaciones comenzaban siendo escuchadas por numeroso público , el cual , a los pocos minutos comenzaba a criticar cualquier tipo de comentario entre los dos amigos (curiosa reacción del que se siente herido por no ser capaz de entender ni una sola frase , como si de un extraordinario mecanismo de defensa se tratase), pero ellos seguían a lo suyo haciendo caso omiso de los comentarios que apenas conseguían llegar al pabellón auditivo de los que se sentían protagonistas del curioso espectáculo , como si alrededor de ellos sólo existiese el vacío y la no materia. La consecuencia de éste tipo de comportamiento era el desalojo prematuro de los espectadores, sintiendo que sus afiladas lanzas apenas inquietaban a sus humanas dianas.

Una vez satisfecha su necesidad de comunicación, y colmando plenamente sus ansias de saber interno, habiendo desnudado su felino inconsciente, procedía a habilitar su cara superficial , aquella que le proporcionaba un placer más físico (no sexual), materializado en conducta social.  Era sabido que el chasis era poseedor de numerosas habilidades de carácter social, los cuales le proporcionaba una amplia red de “colegas” (que no amistades), saludó a todos ellos efusivamente, pues no obstante llenaban una importante faceta de su vida, todos ellos eran magníficas personas, pero tenía claro que su implicación no era del todo perfecta, el “colegueo”  con estos compañeros le proporcionaba momentos de indescriptible satisfacción, pero era sabedor de que en cuanto la relación pretendía ahondar un poco mas en la “profundidad de los avernos insondables” y traspasaba un cierto umbral la comunicación se forraba de rugosas barreras y la situación se envolvía de fastidiosa incomodidad. Se contaron numerosas historias de tiempos pasados, las risas fluían como borbotones de sangre ante una mortal herida arterial, las caras se desenfundaban de tiranteces musculares y dejaban entrever hoyuelos laterales maximizados en frondosas carnes. Entonces, nuestro protagonista , quizás aturdido por la faceta primero euforizante y después depresora (aunque siempre perturbadora) del alcohol , elevó la mirada y se centró en una imagen quizá tocada por la divinidad, su semblante dejaba adivinar que quizá el  deseado secreto de la anhelada perfección se había hecho materia en aquella figura humana . En efecto , era “la finolis” , pseudónimo sobrevenido por la exagerada similitud de sus gestos a los que efectuaban las mujeres que habitaban la corte francesa en los siglos XXVII  y XVIII,  gráciles , cuidados , esmerados y volatineros. De una feminidad exquisita, una educación culta y refinada, ésta muchacha atraía  la mirada de cualquier mortal que osaba cruzarse alrededor de su espacio físico, la mirada de sus achinados ojos negros era fría aunque nunca despectiva. Sus carnosos labios rojos enfatizaban una sonrisa bella y mordaz, que dejaba adivinar la extraordinaria blancura de sus dientes de marfil. Su piel era suave como el tacto de una preciosa flor que acoge en sus pétalos las gotas del rocío estival. Su carácter amistoso y afable enloquecía a todo su círculo social.

El chasis, al divisarla, sintió como si su corazón quisiese batir el record del mundo de latidos por minuto, parecía como si su aurícula se hinchase de tal forma que pretendiese salir de su prieto pecho y conocer el mundo circundante, su rostro se sonrojó de tal manera que cualquiera que le mirase le podría confundir con un piel roja o con uno de esos caramelos de fresa rellenos de chicle y con palito , marca Kojak. Se dirigió hacia ella, la conversación circulaba sobre temas de poca importancia; él , con los ojos brillantes y esbozando una tímida sonrisa estúpida , articulando las frases de forma torpe y entrecortada; ella, fría y distante, sabedora de la superioridad de su posición, del extraordinario dominio de la situación. A los pocos minutos, “el chasis”, dándose cuenta de lo que ocurría, y dejando que sus sentimientos fueran esclavos de la derrota, afiló su arma más temida y mortífera, surtiendo de forma inesperada y alevosa a su amada de una amplia gama de comentarios sarcásticos, a lo cual no pudo nuestra delicada damisela más que responder con una feroz huída en forma de  pertinaz retirada.

Sus “coleguitas”, que estaban observando tamaño espectáculo , bajaron sus cabezas aletargadas por el alcohol, y avergonzados reprocharon a nuestro protagonista su inusitada desfachatez , y el bombardeo masivo de sarcasmo que había propinado a tan tierna y frágil persona.


Pero como no hay mal que por bien no venga, una vez que el alcohol había ejecutado sus devastadores efectos en “el chasis”, y todo era algarabía, risas y desenfreno,  comenzó la actuación de esos seres que esperan el mínimo descuido para efectuar una fiera dentellada en la debilidad circunstancial de quienes son su marcado objetivo. En efecto “la abeja maya”, (denominada así porque gustaba de ir de capullo en capullo), “la John Wayne” (mote proveniente de sus marcadas cartucheras), y “la tacañona” (pseudónimo que facilitó su extraordinaria frialdad y amargura, aunque poseedora de una sensacional belleza), comenzaron a hacer de las suyas, desarrollando las más anquilosadas tácticas y llegando a límites que rozan con el descaro y la desvergüenza. Debido al estado etílico que embargaba al protagonista de esta historia, la libido le había subido hasta niveles asintóticos tendentes al infinito. Estuvo a punto de caer en las extorsionadoras garras de “la tacañona”, pero en el último suspiro, (momento análogo a la sorprendente campanilla que anuncia el final del combate, o al de esa ruidosa y desgarradora sirena que publicita el final de un partido de baloncesto), sonó el móvil de dimensiones extravagantes y cercanas a las del reloj que existe insertado en la puerta del sol . Era su amiguita con derecho a roce, “la tetas” (apelativo indudablemente ligado a las extraordinarias dimensiones de sus turgentes pechos), la cual le instaba a quedar al día siguiente entre sollozos y llantos, haciendo referencia a la taladrante soledad que la estaba maltratando.

Gustavo Adolfo Puerta
Obra Registrada

sábado, 1 de enero de 2011

CLAUDIA ADELINA

CLAUDIA ADELINA
No, ni mucho menos, no era un domingo cualquiera, el dolor se había agudizado hasta niveles que tendían al infinito, dejando un escaso y estrecho margen al descanso, de unos 8 minutos, para luego volver a recrudecerse en dura y angosta agonía.
Por ello iniciamos el viaje, el alba aún no había mostrado su rostro, aunque todo parecía indicar que no se haría de rogar, mientras tanto, el cielo tornaba su manto de color grisáceo, y extendía sus dominios hasta el lejano horizonte. El sufrimiento hacía mella en su delicado semblante, empero, ella no permitía que ni una sola lágrima hiciese acto de presencia en sus delicadas mejillas, y únicamente unos breves y tímidos quejidos, como aulliditos de un gatito que teme el abandono en la oscuridad, se escapaban entre sus fríos y a veces temblorosos labios.
Mientras las gotas de gélida lluvia caían, pizpiretas y en ocasiones desafiantes, mojando el desgastado e irregular asfalto, yo conducía haciendo un alarde de autocontrol, intentando, ¿en vano?, mostrar una falsa e hipócrita tranquilidad, trasmitir una calma que, obviamente, no era fiel reflejo de las emociones encontradas del interior de mi ser, dónde los nervios me estrangulaban, dejándome sin aire, sin capacidad de raciocinio, sin atención, sin concentración, mostrando únicamente a la realidad visible, una estúpida sonrisa que dibujaba mi boca en un boceto de dudoso gusto, de heterodoxo procedimiento…..
Hacía 48 horas que ninguno de los dos habíamos visitado los oníricos reinos de Morfeo, pero la ilusión, que en aquellos momentos cimentaba e inundaba cada rincón de nuestro ser, nos hacía proseguir como si llegásemos de un fastuoso descanso en un lugar paradisíaco, engañaba con felonía a nuestras articulaciones y nos hacía desplazar como si nuestros músculos gozasen de un frescor vigorizante.
Las siguientes 6 horas, si bien las recuerdo a la perfección, se vieron eclipsadas por el desenlace final, señorita que atiende, sillas en las que sentarse, vuelta al vehículo, coger bolsas, más bolsas, más ropa, vuelta a la sala, ella no está, ¿dónde está?, nadie lo sabe, busco acongojado, encuentro, llamada, respondo, acudo, sala, hormonas, tubos, hemorragias, flujos acuosos, doctor, enfermeras, llamada, teléfono, conversación, orina, sangre, flujo, sangre, quejidos, calma, monitores, sangre, papel impreso, aversivos sonidos metálicos y chirriantes, ojos desencajados por el agotamiento y el dolor, incertidumbre, movimientos nerviosos y repetitivos de león enjaulado, ella, yo, ella, yo, ella, yo, los dos en simbiosis, ninguneados por un tercero que a la vez iba a ser la razón de nuestra existencia, todo ello, repito, eclipsado por el desenlace final.

- Rápido, rápido, colóquese detrás.

Yo, atontado, reproduzco maquinalmente las instrucciones recibidas, mientras que el cuerpo que se haya delante de mí, lucha extenuadamente, con el sudor frío que zigzaguea por su frente, con el aire expulsado de su cuerpo como si con ello tratase de desterrar el mal que convive ajeno a nuestro día a día. Todas las miradas confluían en un único punto, todos temerosos, pero a la vez expectantes de lo que parecía un ensueño, brumoso, de oleaje inconstante, de un color dorado que se alimentaba de nuestras esperanzas.

Por fin ocurrió, un nuevo ser había llegado al mundo, un nuevo corazón latiría para mantenernos vivos, unos pequeños pulmones nos harían respirar mucho mejor, un pequeño cuerpecito se convertiría en la razón de nuestra existencia, las lágrimas brotaban de nuestros ojos con alegría y alborozo, nuestras sonrisas emergieron por fin de modo natural, mis dientes mordían mi labio inferior por el gozo y la dicha, mi corazón se engrandeció, expulsó de mi cuerpo al resto de órganos, pues no cabía ningún otro, todo lo ocupaba ese portentoso músculo de movimientos rítmicos e incesantes. Pero, sin duda, lo más reseñable y, por ende, el momento que se detiene en mi memoria, ocupando su trono de marfil, es aquel instante en que la pequeña, dos segundos después de nacer, justo en el momento anterior de llegar a mis entumecidos brazos, abrió sus ojos de par en par, como dos mundos de estrellas que iluminaron la habitación con fosforescencia cegadora, con una expresión que tradujo al español mil sensaciones desconocidas, sólo entendibles por la experiencia vivida, sólo asimilables por el contacto etéreo de quién ama a otro ser sin condiciones, sin razones, amor puro, delicado, emocionante, apasionado, conmovedor, enternecedor, delirante, atento, suave, considerado, entusiasta, ardiente…………….SE HIZO PLAUSIBLE aquella canción del grupo zaragozano:

“ La primera mirada es la que vale
Eso ya lo enseñan las madres…….”

viernes, 3 de diciembre de 2010

ODA A LA LIBERTAD

ODA A LA LIBERTAD

Dime, coqueta y pretenciosa LIBERTAD
que alimentas los templos de cimentadas utopías
y destruyes las sogas maquiavélicas sin piedad,
¡no perdono tu ausencia!
al ser mi carácter bucólico
lloro espigas, por palabras que hieren mi soledad,
que cabalgan con el odio, vil e infrahumano,
sé honesta, y abraza por fin la equidad
que proporciona el amor prosocial, humilde, mundano....

Dime pues, LIBERTAD sincera,
¡por qué alientas tan cruento tormento?
si te evades, invaden el cieno y el estiércol
las floridas ilusiones, sin tí perecederas.....

¡Manifiéstate, LIBERTAD esquiva!
con tu bandolera teñida de risueña primavera,
a veces gallarda, otras altiva,
esparce TU CONOCIMIENTO, experta y lisonjera,
acude con tu hermana tolerancia
y en perfecta sincronía,
desatad los denigrantes lazos que nos aferran,
calcina envidiosas lenguas revestidas de cobardía,
que destruyen ideas con traición y felonía.

Consigue, ¡OH LIBERTAD! con tu amiga sabiduría,
que fluyan las ideas, que gobierne la justicia,
qaue la razón sea tu embajadora, ¡gran primicia!,
¡Reina, OH LIBERTAD, QUE VUELVA LA ALEGRÍA

GUSTAVO A. PUERTA PÉREZ

martes, 30 de noviembre de 2010

PARA TÍ, CARIÑO

PARA TI, CARIÑO.



Perfil minucioso que hidrata
La raíz que anida en tu boca sabrosa,
A veces trato de silenciar la perorata
Que conlleva la pasión de tu sonrisa, ¿engañosa?

Entretanto, muero gozoso en la efímera niebla
que dibuja los policromados bocetos de tu mirada,
oprimiendo con sus descarnados brazos mi alma,
erradicando con su luz, las crueles tinieblas
que dirimen los entresijos ocultos de mi amada.

Es azul el suave silbido
Que galopa enfurecido por tu liso cabello,
Haciendo afortunado a mi corazón, que es testigo,
De tus manos en mi piel, añorando el destello
Que producen tus labios y los míos, en estruendoso sello,
Sí......estruendoso beso, suave......pero bello.

Es rocoso tu carácter,
Severo, riguroso, áspero y terco,
Pero entonces activo mi recuerdo delirante
Que atrae consigo el recuerdo de tu magnífica sonrisa
Que baña de alegría y de felicidad desbordante
Mi existencia alocada, cual pizpireta brisa.

Afianzo la esperanza en el amor eterno,
Profundizo en el mundo etéreo de la utopía,
Respiro corazones jubilosos, y desciendo al averno
Cuando me falta tu aliento y se ausentan tus caricias,
Entrando mi razón en desorden, vil entropía.



GUSTAVO A. PUERTA PÉREZ

miércoles, 31 de marzo de 2010

RESPIRANDO EMOCIONES

RESPIRANDO EMOCIONES


LLoraba……..el amor angosto que hasta entonces había derruido todas sus joviales y utópicas creencias, le recordaba que los Martes también había que vivir, pero su filosofía llena de grandilocuencias y recuerdos distorsionados entre delicadas brumas, le hacía percibir el aroma añil de la desgracia.
Sospechaba que el sabor de la guadaña le sería familiar, no obstante todos hemos parido la sangre que emana de sus afilados destellos, pero se negaba a interiorizar las fatales consecuencias que traería consigo el movimiento involuntario de la vida, (¡qué sarcasmo!), girando alrededor de un círculo concéntrico que atraía horizontes encontrados, enlazados sutilmente por los delicados filamentos de las reconfortantes experiencias que desconcertantemente anidaban en la imagen incierta de su pupila.

El Invierno se resistía a marcharse, se agarraba y ceñía con su feroz mandíbula a fechas que ya no se aliaban con su plañidera climatología. Ello había hecho mella en él, tan sensible a la soledad monocromática de su pensamiento. No obstante, aunque desde el punto de vista social era el símbolo de la alegría y la diversión, cuando el sol se despedía del mundo regalando sus últimos brillos destructores de nostalgia, su mente mutaba en un crisol de traidores pensamientos, que aprovechaban para maltratar y herir su alma, haciéndola añicos, y permitiendo que el color púrpura se deslice maliciosamente entre sus vestiduras, despellejando sus ilusiones, mostrándolas en carne viva a los ojos de la fiera que toma su forma de la mano de la conciencia, y esquilma salvajemente los últimos vestigios de entereza, que se escondían detrás de la imagen reluciente de sus perseguidos trofeos, ahora arrancados entre sollozos de la historia recalcitrante, reconstruida a través del acopio de las enésimas moralejas extraídas de sus nocturnas visiones oníricas.

Sabía que acechaba, él era feliz, pero tenía que continuar luchando cuando el color negro se hacía dueño del mundo, escuchaba sus carcajadas a través del minúsculo cristal que encapsula nuestros miedos. Había dejado que su corazón quedase enjaulado, durante minúsculos instantes, (que a él le parecían eternos), entre rejas construidas con la malevolencia que otorga caminar con las alpargatas de la prepotencia y la altivez. Era consciente de sus frecuentes y dolorosos errores, y se cobijaba en la imperfección humana, aunque sabía a ciencia cierta que no había mayor falacia que esconder los excrementos viscerales del olvido dentro del baúl de las desdichas.

Era perfecto conocedor de que el final de la batalla era muy cercano, y aunque su sangre se esparcía por los recónditos escondrijos de su memoria, no era menos cierto que el tiempo le iba a prestar su poder, blandiendo su espada con el hercúleo brazo de la sinceridad, y dejando que su consciente se adentrase en sus entrañas para hacerse experto de sí mismo, es el inevitable dolor que produce la angustia, cuando todas tus defectos y patrañas logran hacerse hueco en tu alma, cuando por amor a la vida logras la ACEPTACIÓN……

Amanecía, POR FIN el sol mordía incesante la sensible aorta de la melancolía, y hacía brotar del minucioso espíritu de la alegría, la brillante policromía del aire fresco. Por fin volvía a su reino, regresaba en la alfombra de la risueña esperanza a la felicidad y placidez que envolvían con suaves sedas su henchido corazón. Otra noche más había vuelto a perder, pero no dejaba de ser eso, una batalla, otra más de las decenas de miles en las que había caído derrotado, pero siempre resistía, su último aliento resistía numantino, sabedor de que el perfume inconfundible del amor, limpiaría con sonrisas cristalinas y puras las llagas de su alma. Feliz, risueño, contemplaba la mirada limpia que emanaba fehacientemente de los ojos adornados por la pasión, dueños y señores de su vida, y una frase de cariño se introdujo, levemente, entre sus oídos de marfil, consiguiendo que el calor se tornase en escudo protector de su extasiado pecho….



GUSTAVO ADOLFO PUERTA

lunes, 29 de marzo de 2010

POEMA DE SAN VALENTÍN



Bendigo escrupulosamente el maravilloso día
En que mis ojos encontraron por primera vez tu semblante,
Convirtiendo desde entonces en esclavo tuyo, mi corazón errante,
Cambiando rápidamente mi alma, en anhelada ambrosía.

Desde entonces la fortuna y la dicha hicieron morada
En la profunda caverna de mis inexploradas entrañas,
Mi furor tornó en sonrisa, gracias a mi amada,
Persigo tu imagen por mil caminos, y cien mil Españas.

La oscuridad monocromática de tus delicados ojos
Horadaron la profundidad de mis ocultos secretos,
Iluminando fielmente el angosto camino, y los perfectos,
Aunque extasiados momentos en que alimentas con ternura mi enojo.

Sucumbo violentamente cuando me golpeas con tu sonrisa,
Muero exhausto ante la delicia que emerge de tu pelo al viento,
Enloquezco cuando miro absorto tus labios, y no miento,
Cuando digo que mi pecho arde cuando me falta tu aliento.

Reivindico de soslayo futuras incursiones
En tu risa emergente de ilusiones fluctuantes
Tu elocuencia me desvirga de fatales emociones,
Resultando ser cúspide magnánima de enternecidos amantes.

Es por ello que feliz y extasiado me derrumbo,
Abrazo tu sombra y la imagen de tu recuerdo
Mi alma radiante por tu deseo, explora otros mundos
Y revolotea alborozada cuando en tus ojos me pierdo.....

TE QUIERO..........