jueves, 15 de abril de 2010
Hoy he recordado
a la mañana, de raso rojo
teñidos los cielos de púrpura
y una ventana en el trasluz.
He echado a andar por la acera
he olvidado tus recuerdos
recogiendo en mi sayo
tu olvido sobre mí.
No fui nada para ti,
una china en un remendado zapato
de rígidas costuras
y rotas suelas sin alcanfor.
Me despreciaste de cara
sin dejar de mirar mi boca,
mis ojos, toda mi faz
reflejada en tu mirada.
Mañana prometo vivir sin ti,
oler la brisa del futuro
sin necesidad de llorar
sin ansiedad de morir.
Ahora, mientras tanto
finjo que no te veo,
que no existes en mi memoria
que desperté, y nací antesdeayer.
Solo, con tu bruma,
acompaño a mi ser;
lejos, muy lejos,
allá donde no me vea.
Huyo dentro de mi.
Carlos Postigo
miércoles, 14 de abril de 2010
hablaba de ti...
si me lanzas al vacío después de escribir,
si me cuesta hilvanar más de dos frases,
...por cierto ¿Hablaba de tí?
El café se enfría, pronto llegará Gustavo, lleva en la mano un yunque y en la otra
un trozo de marfil.
Se queda quieto y me mira.
No sabe.
Me grita.
¿hablaba de tí?
ES una pausa extraña, casi se me cae la baba,
pasa un tren
me hago una paja
me limpio con lo que me queda de tus bragas.
Lo siento,
sí,
hablaba de tí.
martes, 13 de abril de 2010
Haikus
la música del viento
calma mi dolor.
Perdí el interés;
no te extrañe si vivo
ajeno a todo.
Un minuto más;
el universo hambriento
devora el tiempo.
Quizá soy piedra;
respeta mi silencio,
mi inmovilidad.
No ha muerto el mundo,
sólo esperaba el final
del largo invierno.
Por tocar tu piel
el sol de primavera
mató al invierno.
Ignacio Ruiz Gallar
Haikus
respeta mi silencio,
mi inmovilidad.
No ha muerto el mundo,
sólo esperaba el final
del largo invierno.
Cierro los ojos;
la música del viento
calma mi dolor.
Perdí el interés;
no te extrañe si vivo
ajeno a todo.
Un minuto más.
El universo hambriento
devora el tiempo.
Por tocar tu piel
el sol de primavera
mató al invierno.
viernes, 9 de abril de 2010
El Viaje de Chihiro

Bienvenidos a la escuela de la imaginación. Lugar de encuentro de sueños, ilusiones, fantasías, creaciones, inventos, colores, músicas, meditaciones, elevaciones, utopías, misticismos, ciencias y religiones, amores y muertes, espacios de la nada y la inmensidad, océanos de movimientos y retrocesos infinitos.
Siéntense en sus pupitres, abran sus almas y dejen que las enseñanzas de Miyazaki y Sen, Haku y Yubaba les absorban su atención y no dejen de pestañear ante un espectáculo grandioso. Permitan que los Dioses, la Naturaleza, la Naturaleza de los Dioses y los Dioses de la Naturaleza le infundan claridad en sus percepciones.
Disfruten de un viaje místico al interior espiritual de uno mismo, el cuartel general de sus últimas decisiones e inicio de toda ejecución; piedra blanca y piedra negra de nuestras conciencias; esponja de poros indelebles, bebedores de todo tipo de bebidas de espíritu. Alcoholes que nos desvían y nos marcan en nuestro ser.

Otro día vendrá el maestro de maestros Joe Hisaishi a darnos una clase magistral de música para ser interpretada y/o escuchada alrededor de unos baños en el otro lado de nuestro pensamiento, allá, detrás de nuestras palabras y de sus sonidos ensordecedores. Llegará la melodía y el aire se podrá masticar a sorbos de claridad, y nuestra mente quedará dormida, dejando que el numen viaje en un tren marítimo.
Una vez acabada la clase pueden ir a descansar al mundo, volver y volverse hacia un mundo real, tangible, horadador de imágenes creacionistas, vendedor de baratijas al por mayor, secuestrador de dolores y efímeros placeres.
Adiós, que los Dioses nos sirvan como nosotros les servimos.
Carlos Postigo
miércoles, 7 de abril de 2010
Desangrándome
Hay momentos en la vida en los que uno se desangra, observa con la mayor de las complacencias cómo la savia cae sobre un frío suelo de extrañas baldosas yendo a parar al negro vertedero del dolor. Se sigue mirando el goteo implacable del rojo añil, oyendo el goteo incesable de un derrame emocional, desperdicio de unos días mejores, más azules y luminosos, en definitiva, esperanzadores.
Te mueves e intentas oprimir la abertura, apretando bien fuerte, o bien, como alternativa, introduces tus dedos completamente intentando extraer la espina fatal. Todo es dolor, humillación de Dios sobre nuestra vanidad casi-humana. Nos aferramos a la nada, al placer, a nosotros mismos, pero todo, todo a nuestro alrededor es inmundicia, podredumbre inodora que no deja ver más allá de la mierda.
Como último camino la cauterización, radicalización extrema de la salubridad del alma humana. Lágrimas candentes hacedoras de antiguos escudos infrahumanos, protectoras de futuros, defensoras de pasados. Hierros al rojo vivo matan las ilusiones creando ilusiones errantes, efímeras, parches que quitan el hambre mas no alimentan.
Y así pasó aquel día, y llegó otro, y hoy declaro que llegarán más días, y pasarán… pero el alma en aquel momento se quebró, estalló en millones de diminutas partículas esparciendo su semen mortal por la ponzoña de la vida engendrando un remanso de cristalinas aguas alrededor, apaciguando el suicidio sentimental.
Descanso, miro a través de la ventana con un cigarro y un vaso de ginebra, escucho cómo las ramas de los árboles mecen la noche y mis vecinos vuelven al hogar, huelo la primavera, el devenir de una noche que será alba, que será mañana, que volverá a caer. En definitiva, siento. Percibo la vida en torno intentando reavivar mi maltrecho espíritu.
Levanto la vista y no veo nada. Giro, me desvisto y me tumbo en la cama. Duermo sin sueños. Muerto.
Carlos Postigo
Galería pictórica
(1) Grito - Oswaldo Guayasamín
(2) Angustia - Andrea Himsalam